Pero a éstos habrá que agregarle el peso que ha tenido el éxito económico en el sostenido reconocimiento, de una porción decisiva de la ciudadanía, respecto del gobierno. No se entendería el triunfo de Manuel Adorni, ocurrido hace unos días, si no es con arreglo -básicamente- a la adhesión que genera el cambio de matriz económica puesto en marcha por el presidente de la Nación y el titular del Palacio de Hacienda. Para decirlo en clave telegráfica: el superávit fiscal es poder.
En segundo lugar, cabe desatacar que la recusación de 30 % del padrón -poco más o menos- a hacerse presente a la hora de entrar en el cuarto oscuro parece haber puesto al descubierto un fenómeno -el del voto voluntario que comienza a extenderse entre nosotros, a lo largo y ancho del territorio. No sería de extrañar que en los comicios a punto de desenvolverse en varias provincias -y sobre todo, en los planeados para octubre- lo que vimos surgir en Misiones Santa Fe y la Reina del Plata, se transforme en costumbre. Con la particularidad de que, si bien el voto seguirá siendo obligatorio -aspecto normativo de la cuestión-, la realidad fáctica hará camino por otro lado, sin que ninguno de los ausentes al momento de cumplir con ese deber cívico se considere antidemocrático o tema sufrir una sanción.
En tercer lugar, cobra cada vez mayor intensidad la omnipotencia que se deja apreciar en el así llamado Triángulo de Hierro. Aun cuando no les falte razón a quienes insisten en puntualizar las diferencias hallables entre las visiones de Karina Milei y de Santiago Caputo, concernientes al armado electoral y a la estrategia de campaña de cara a la trascendental disputa contra el kirchnerismo en territorio bonaerense, no hay que exagerar los alcances de tal disputa. La existencia de diferentes capillas al interior de un gobierno como el libertario no es algo inédito. Pasó con los celestes y los rojos punzó en tiempo de Menem, y antes con las peleas de los históricos del alfonsinismo y la Coordinadora. No hay nada de nuevo en eso. El Presidente, la Jefa -como acostumbra a calificarla su hermano- y el mago el Kremlin saben perfectamente bien que no pueden darse el lujo de pelearse. Unidos, es difícil imaginar que alguno de sus opositores se hallen en capacidad de vencerlos. Por ello, se sienten todopoderosos y obran en consecuencia cuando la oportunidad se cruza en su camino.
Ejemplo de la forma en que el jefe del Estado se cree con derecho a hacer cualquier cosa, sin importarle las formas elementales de convivencia social, las reglas del protocolo y el código de conducta de un hombre delante de una mujer, ha sido el destrato hecho a Jorge Macri y a Victoria Villarruel. Lo cortés no quita lo valiente, reza un viejo y sabio dicho. Por lo visto a la entrada del Tedeum en la Catedral Metropolitana, la petulancia del presidente fue infinita.
El plan gubernamental está claro en punto a sus prioridades para el resto del año. El período comprendido entre junio y octubre estará marcado por el proceso electoral, de modo tal que la consigna de la hora es mantener el superávit fiscal a rajatabla y cuidar que el índice de la inflación siga su marcha descendente. Nada que pueda opacar o poner en tela de juicio estos co- metidos estará permitido. Razón de más para descartar, por ejemplo, que vaya el oficialismo a bajar las retenciones al campo o a comprar dólares mientras el tipo de cambio no toque la cota inferior de la banda.
Aquella medida, que suscitaría la algarabía del sector agropecuario, al mismo tiempo mellaría el equilibrio fiscal. En cuanto a la acumulación de reservas, tanto Milei como Caputo han sido claros. No van a arriesgarse a que una suba del dólar acelere el alza del índice de precios al consumidor. Por cierto, la evolución de este indicador en el corriente mes anticipa una nueva y grata sorpresa.
Las dos condiciones que es necesario llenar a los efectos de triunfar en la provincia de Buenos Aires son, a la vez, las suficientes. Por un lado, que no descarrile la economía. Es cosa asumida en Balcarce 50 que, en el orden de los fines es imprescindible acometer las reformas de carácter estructural -laboral, previsional e impositiva- sin la cuales es imposible que la partitura puesta en acción en diciembre de 2023 llegue a buen puerto. Pero, en el orden de los tiempos, será imposible impulsar esos cambios en el plano legislativo sin antes obtener un triunfo rotundo en octubre. Por lo tanto, la seguida obligación es pintar el país de violeta, para expresarlo con las palabras que utilizó Javier Milei en ocasión de celebrar la victoria de su vocero a expensas del Pro y del kirchnerismo en la capital.
Tal cual lo adelantamos semanas atrás, no había que prestarle demasiada atención a los cruces de agravios y descalificaciones que hubo entre los protagonistas excluyentes de la pe- lea que situó en una vereda porteña a Mauricio Macri y en la otra al Javo. En una campaña electoral vale casi cualquier cosa, a condición de saber que -conocidos los cómputos finales- comienza una nueva etapa. Eso fue lo qué pasó. Hasta el domingo 18 el fundador del Pro era mala palabra para la Casa Rosada. Ahora pasó a ser un hombre que ‘todavía puede darle mucho al país’. Así de sencillo ha sido el giro copernicano del jefe libertario. Los dos pasaron de insultarse a abrazar el mismo cometido: terminar con el dominio kirchnerista en el principal distrito electoral del país.
Poco importa si la confluencia se dará con un formato más cercano a lo que desea el estado mayor libertario o si será más acorde al paladar del macrismo. Lo que a esta altura resulta indiscutible es que La Libertad Avanza, el Pro y una facción mayoritaria de la UCR le darán pelea juntos al peronismo bonaerense -tanto en septiembre, en los comicios legislativos provinciales, como un mes después en la elección nacional. El escenario ha sido dispuesto para que ello suceda sin derramamiento de sangre. Hay un reclamo unánime de la dirigencia de ambos partidos y del electorado ideológicamente afín para que no haya divisiones capaces de otorgarle una ventaja significativa a un kirchnerismo que luce desmejorado.
Cristina Fernández y Axel Kicillof no se llaman a engaño acerca de la suerte que les espera si acaso no fuman la pipa de la paz y deciden concurrir a los comicios, cada uno por su cuenta. En otras circunstancias, la unidad no sería vital. Pero dividido como está a escala nacional, perder la provincia de Buenos Aires representaría para el peronismo un revés semejante al que sufrió cuando Francisco de Narváez dio cuenta de los Kirchner y Scioli, juntos en ese distrito. Recusada la autoridad de la ex–presidente por varios caudillos provinciales -da la impresión de que, lisa y llanamente, no le llevan el apunte- y desafiada por quien fuera durante años su enfant gâté, la Señora debe pensar dos veces antes de tirar demasiado de la cuerda. Otro tanto tiene que hacer quien ocupa el sillón de Dardo Rocha. Los dos juegan su futuro político en las pulseadas del 7 de septiembre y del 19 de octubre. El resultado obtenido por los libertarios en la capital federal obliga a todos a barajar y dar de nuevo.
Vicente Massot


Hay tres datos que dejó tras de sí la reciente elección legislativa, sustanciada el pasado domingo 18 en la capital federal, que merecen una consideración aparte. En primer lugar, ya no caben dudas respecto del vector de poder que supone el reordenamiento de las cuentas públicas y el pronunciado descenso de la inflación. De ordinario, se estila pasar revista a cuántos diputados y senadores responden al gobierno, o qué sectores corporativos importantes han cerrado filas con la administración libertaria, o cual es el alcance del apoyo de Trump a su par rioplatense, para determinar la solidez de la gestión encabezada por Javier Milei.
