Opinión

¿Se puede hacer con las urnas lo que otros hicieron con las armas? ¿Con consenso popular y respeto a la democracia lo que en otros lugares se hizo con hierro y fuego, muerte y tortura? Está claro que Javier Milei sueña con la réplica argentina de la vía chilena a la economía abierta, con una especie de pinochetismo civil destinado a abrir de par en par las puertas de la libertad y el progreso. Pero ¿será posible? ¿Deseable, oportuno, correcto? ¿O la forma cambia el contenido, el contenido debe adaptarse a la forma?

El próximo domingo, los contrincantes en la pelea por la presidencia se verán las caras y rendirán examen ante el público en el primero de los debates obligatorios que establece la normativa electoral. Cuando resta menos de un mes para la primera vuelta del comicio, este debate en Santiago del Estero y el que una semana más tarde se dirimirá en la Facultad de Derecho de la UBA, son oportunidades y desafíos para los candidatos: en ellos se pueden sumar votos vacilantes pero también se puede perderlos, dependiendo de una réplica desafortunada, de una actitud demasiado fría o demasiado exaltada. La audiencia forma su impresión no sólo (ni principalmente) por las palabras y los discursos, sino por detalles de comportamiento o por actitudes.

La lógica del peronismo es francamente sorprendente. Puede valerse de las mismas variables para impulsar o rechazar lo que le conviene o lo que no le conviene. Lo hace delante de todos, a cara descubierta. Es más, pone enjundia en la defensa de sus argumentos sin que le importe en lo más mínimo las groserías que desnuda.

Hace algún tiempo que estoy en contacto con un importante grupo de personas que se nuclean bajo el nombre de Generación Plateada y puedo dar fe de la magnífica labor que desarrollan. Es una tarea muy necesaria en esta época en que los adultos mayores sufren los efectos de esa perniciosa cultura del descarte.

Nuestra sociedad, despavorida ante lo que ocurre, se repite a sí misma espantada que vivimos los albores de un desastre total, cuyo resplandor comienza a aportar nuestro sentido común al comprobar que la fiesta ha terminado.

Es notoria la "cancha inclinada" que se observa en este proceso electoral. Consideramos necesaria y urgente una profunda reforma política y electoral y para ello formulamos estas reflexiones y propuestas.

La gobernabilidad es el todo. El caos es la nada. No tenemos tiempo ni ganas de equivocarnos

El historiador Federico Finchelstein, en su libro Del fascismo al populismo en la historia, cuenta una experiencia que le sucedió al viajar a la ciudad de Dresde para dirigir un seminario en la universidad. Había ido allí con su familia y, al salir del hotel, lo interceptó una manifestación que mezclaba neonazis con populistas xenófobos, todos furiosos y portando banderas racistas. La hija mayor, de ocho años, con la que el año anterior había visitado la casa de Ana Frank en Ámsterdam, le preguntó: “¿Estos son los nazis que mataron a Ana Frank?”. El padre le contestó: “No, no son los que la asesinaron, pero estos neonazis están contentos de que la mataran”.

¿Cómo pudo resultar tan afectado el país más poderoso de Europa?

De la mano del festival de gasto público y populismo electoral, algunos economistas sugieren que la Argentina ya está frente a la puerta de entrada al infierno hiperinflacionario

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