Opinión

Con el discurso del presidente Javier Milei, comenzó una nueva etapa, con un nuevo gobierno que al menos intentará no cometer errores de gestiones anteriores.

Aquel caballero atildado y reo, de moño elegante y prosa lírica, era redactor de la vieja revista Gente y participaba de la tertulia regada con whisky que se desplegaba cada noche en el café de México y Paseo Colón. Se llamaba Horacio Ferrer y era admirador de Mario Mactas, y de un grupo de periodistas cultos y audaces que pernoctaban en la “alegre demencia de aquella redacción” (sic). Una tarde de 1969 salió a pasear por el centro, transido de tristeza existencial, y se le ocurrió una repetición sonora: “Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao”. Rápidamente, se la hizo conocer a su amigo Astor Piazzola, y fue así que comenzó la escritura y composición de “Balada para un loco”, que revolucionó el tango y recibió duras críticas de sectores de izquierda: sostenían que se trataba de una canción “oligarca”, porque transcurría en Callao y en Arenales.

Sin concesiones. Javier Milei estima que la izquierda, asimilada a socialismo y comunismo, es el principal adversario y en más de un caso, el enemigo. Según el flamante presidente, es perversamente peligrosa.

El primer cambio es el de opinión. Lo que se decía en la campaña no se hace en el Gobierno. Pragmatismo, que le dicen.

Los hechos sucedieron el último miércoles en el Senado. El otrora poderoso bloque kirchnerista quedó entre atónito y enfurecido cuando se sorprendió con la noticia de que le habían arrebatado la mayoría, cualquier mayoría.

Javier Milei ya es Presidente de la República Argentina. Se espera que la Nación vuelva a ser republicana, respetando a rajatabla la división de poderes, que es el pilar sobre el que se edifica una República.

“Sólo los locos y los solitarios pueden permitirse el lujo de ser ellos mismos. Porque los  solitarios no necesitan complacer a nadie, y a los locos no les importa ser comprendidos”. Charles Bukowski

Todo sucedió como estaba previsto. Javier Milei asumió la presidencia de la Nación y cumplió al pie de la letra cuanto había dejado trascender respecto de cómo y delante de quiénes pronunciaría su discurso inaugural. En punto al fondo, el texto fue corto, categórico y, si se quiere, intransigente. En cuanto a las formas, el jefe de los libertarios se permitió modificar una costumbre inmemorial. En lugar de dirigirse a los diputados, senadores, gobernadores y demás personalidades que poblaban los palcos y gradas del edificio del Congreso de la Nación, decidió hablarle a la gente común que había colmado la Plaza del Congreso y las calles adyacentes.

El problema de la gobernabilidad se desplaza ahora hacia la “factibilidad” de las medidas anunciadas: que un gobierno que apenas comienza a asentarse proponga un programa tan severo es un hecho muy inusual

Cuando todavía hacía campaña para ganar el balotaje, Javier Milei hizo la pata ancha y declaró que si “el gobierno de Massa y Fernández” no tenía soluciones y quería retirarse antes de tiempo, él y sus equipos estaban preparados para asumir el mando de inmediato. 

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