Opinión

La palabra “mala” cuando se refiere a una persona parece estar reservada para la terminología de los chicos.

Desde hace una semana, Cristina Kirchner ejerce la presidencia de la Nación. Y, aunque a muchos les cueste admitirlo, ha venido haciéndolo con prudencia y cautela.

Como un remedo de algunos errores y horrores de la guerra descriptos en la novela de Erich María Remarque, el Frente de Todos sigue disparando munición gruesa contra sus opositores e intenta seguir violando la sacralidad de las instituciones, para consagrar un proyecto hegemónico que hace agua por todos lados.

Hipertrofia demográfica, fragmentación, servicios deficitarios, exorbitante presión fiscal y oligarquización política encarnada en los “barones” son la expresión más contundente de nuestro extravío nacional

Sólo se banca la condena. ¿Y si se la absuelve? El amor por la Justicia deriva en desencanto. 

Si hay alguien que representa cabalmente al kirchnerismo fuera de Cristina Fernández de Kirchner es, sin dudas, Gabriela Cerruti.

A propósito de la repercusión que han tenido los dichos de Gabriela Cerruti, la vocera presidencial, y de la reciente distinción que hiciera la Cámara de Diputados de la Nación a José Ignacio López que ocupara esa misma posición durante el gobierno del presidente Alfonsín, propongo algunas reflexiones acerca del concepto de las desapariciones.

El día que apagaron la luz, los autócratas se restregaron las manos y los oráculos salieron a profetizar sus deseos. El 20 de abril del año 20 nadie quería petróleo; un mapa mostraba petroleros anclados en el mar: no tenían puerto donde ir.

Todo empezó con la reforma de la CN de 1994. Se creó el Consejo de la Magistratura para reforzar la independencia del Poder Judicial. Con 20 miembros. En 2006, presidencia de Néstor K, la senadora CFK propuso achicar el Consejo a 13 miembros.

“Toda simulación en los actos o en los dichos representa una     
estafa al conjunto social que, honestamente, me repugna”.
 
- Alberto Fernández

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