Opinión
“El desierto crece” es una célebre frase de Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra: “El desierto crece: ¡Ay de aquel que esconde desiertos!”.
Está clarísimo que el creciente malestar social con el gobierno de Javier Milei es una mera “sensación” y que esta no fue generada por la política económica ni por los sucesivos escándalos, sino por la acción perversa del periodismo independiente: nos habían convencido de que ya no teníamos esos superpoderes, pero ahora parece que somos capaces hasta de implantar en el inconsciente colectivo la insólita idea de que la mayoría de los argentinos está sufriendo irritación y mishiadura.
Comienza a verse que el discurso oficial choca con una paciencia que se agota, incluso entre sus votantes.
Los amigos anarco libertarios que Milei tiene a nivel internacional afirman de manera explícita querer privatizar totalmente la universidad pública y la ciencia financiada por el Estado. Además, desean un mundo donde no haya ni periodismo ni periodistas. Varias políticas aplicadas por el presidente argentino -y casi la totalidad de su discurso ideológico- marchan por ese mismo camino.
John Forbes Nash, matemático ganador del Premio Nobel de Economía en 1994, obtuvo su doctorado con la tesis “Juegos no cooperativos” (Non-Cooperative games), defendida en 1950, publicada en 1951 y popularizada luego como “el equilibrio de Nash”. Se da cuando ninguno de los jugadores podría mejorar su situación cambiando de estrategia si el resto mantiene la suya. Así, cada jugador está obligado a continuarla aun sabiendo que no le conviene.
Los periodistas acreditados en la Casa Rosada tienen prohibida la entrada. Flamante decisión del gobierno de los hermanitos Milei que siguen aconsejando que es necesario odiar a los periodistas dulcemente calificados como “ratas repugnantes”. La orden de echar flit a los periodistas ha sido dada. Ni Videla ni Cristina se animaron a tanto.
“La imaginación humana nunca descansa, sobre todo cuando se trata de acomodar la realidad al molde del propio anhelo”.
Lorenzo Silva
Esta apelación está dirigida tanto al Presidente de los EEUU cuanto al nuestro, ya que las conductas de ambos – guardando las distancias debidas a la relativa importancia internacional – se asemejan enormemente. Hoy, como corresponde, comenzaré por casa, este gran país al cual hemos convertido en intrascendente por nuestra inveterada imbecilidad. Cuando pienso, por ejemplo, en el luminoso faro cultural que la Argentina fue para toda América Latina durante tantos años, tengo ganas de llorar. Pese a mis ancestros italianos, reconocí en “Una historia de España”, del genial Arturo Pérez-Reverte, muchos de los vicios de los españoles como propios.
Derrotar a la inflación le cuesta al presidente más que cuando sostenía (como panelista de televisión o recitando parrafadas de teoría económica de autores que nunca afrontaron la responsabilidad de ejercer cargos públicos) que en poco tiempo la reducía a cero. Y, en vez de acabar con la Casta, se está integrando "exitosamente" a ella.

Cargarse a Rocca
Primera escena: el jefe de gabinete, obrando como vocero presidencial, se presta a contestar las preguntas de los periodistas reunidos en la sala correspondiente y, cuando se siente acorralado saca de la galera el argumento de que no iba a responderle a “un simple periodista”.
“Si sale mal, nos volvemos a casa, no pasa nada”. Como al pasar, en la entrevista que hace diez días le concedió a la TV Pública, Javier Milei retomó al menos por un instante aquella vieja idea que tenía sobre evitar aferrarse al poder a toda costa. Era parte del marketing contra la casta. Cuántos recuerdos. 
En los ya extremadamente lejanos tiempos de 2023, el candidato presidencial Javier Milei observó la inmensa masa de electores carentes de madre, padre, y perro que les ladre, y se dejó guiar por su intuición: sacó el manual de buenas normas populistas para ganar elecciones y no le faltó imaginación para ponerlas en práctica. 