Política

No se puede objetar ninguno de los puntos incluidos en el Acta de Mayo; hay una disociación permanente entre lo que dice y hace el Presidente 

El Gobierno necesita afirmar mecanismos de armado político con “dialoguistas” y contener internas que afectan su propia gestión 

El gobierno de Javier Milei organizó un festejo del 9 de Julio atípico. En lo sustancial, convocó a la firma de un pacto a gobernadores y dirigentes en Tucumán con un relevante nivel de adhesión. En lo menos sustancial, terminó convirtiendo el desfile de tropas en un show personal al subirse a un tanque. De esa manera no sólo se ubicó una vez más en la vereda opuesta del kirchnerismo y de la izquierda que insultan a los Granaderos, sino que proyectó una imagen blindada de poder. 

Milei llegó al poder fustigando el consenso político y celebró en Tucumán su primer consenso político. 

El Presidente se mostrará rodeado de opositores, pero el decálogo de Mayo carece de los acuerdos previos básicos, como los tuvieron los pactos que en el país y el mundo lograron efectos concretos y duraderos 

Milei cultiva un perfil duro que reivindican sus seguidores y que vuelca a políticos, periodistas y -sobre todo- economistas que critican, pero también a las relaciones internacionales, con consecuencias imprevisibles. 

La actitud de Macri con respecto al posicionamiento político de su partido, Pro, define un posicionamiento con respecto al gobierno libertario. 

Una situación parecida (o peor) solo puede buscarse durante el auge de Cristina Kirchner en el poder, hasta que el auge se terminó y ella entró en las sombras de la política. También durante el apogeo de la expresidenta era riesgosa la opinión crítica sobre su gobierno; una tormenta promovida por los servicios de inteligencia solía caer sobre los críticos con acusaciones falsas, alteraciones de historias personales o filtración de información en poder del Estado sobre los ciudadanos. Con Javier Milei, el riesgo es que el Presidente se aferre a un micrófono o a X y les dedique los peores adjetivos a políticos, economistas o periodistas.

Le sobran los aniversarios al peronismo, pueden celebrar tres o cuatro por semana: siempre hay algo para recordar en 80 años de existencia. Una costumbre vinculada al ejercicio militante, señal de vida también. Tanta oferta de efemérides explica la rala presencia en el aniversario de la muerte de Juan Perón, algo de hartazgo quizás en la Catedral esta semana con un recuerdo que no convoca siquiera a los veteranos sin ocupación que aprovechan la jornada para irse de la casa.

Aunque nunca lo hubiera imaginado, Macri terminó adhiriendo al lema fundacional de la UCR y prefirió que su partido se rompa y no se doble. Al menos, no sin contrapartida  

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