Política

Tal vez los ofendidos legisladores, el 1° de marzo le hagan un boicot al Presidente, quizás devolviendo agravios o por aquella exposición que el Presidente decidió realizar fuera del recinto, cuando asumió frente a la plaza de los dos Congresos.

Las formas son tan importantes como el contenido en la vida democrática; las palabras violentas de un mandatario pueden terminar en hechos violentos 

La reunión de gabinete en la Casa Rosada fue escenario de una discusión. Toto Caputo y Francos necesitan negociar con diputados y gobernadores 

La política y la vida institucional no parecen funcionar bien lubricados en la Argentina de 2024. Dentro de diez días, el viernes de la semana próxima a las 11, Javier Milei deberá hablarles de frente, por primera vez en su vida, a los 329 diputados y senadores. Se trata de aquellos a quienes el Presidente viene diciéndoles con cierta regularidad, en forma alternada, idiotas útiles, delincuentes, coimeros y parásitos. Cuando el temporal de vituperios amaina los describe como miembros de la casta corrupta. Casta ya pasó a ser una categoría amable. 

“¿Javier Milei es o se hace?”, se pregunta la política vernácula. El Presidente es una máquina de ganar enemigos. Pero lo hace con la actitud de un jefe de Estado hiper-empoderado, con dominio real sobre la política en general y en especial sobre los otros dos poderes del Estado: el Legislativo y el Judicial. Algo que no es.

El Presidente ha actuado en función de la premisa de que él no viene a negociar nada ni con nadie, sino a cumplir con una misión 

¿Qué tiene Milei en la cabeza? ¿Por qué toma decisiones tan difíciles de entender para los analistas clásicos? ¿Qué lo llevó a atacar, durante casi una semana entera, a una figura popular, pero sin relevancia política, como Lali Espósito? 

Quizá Milei encuentre en Mauricio Macri y en Cristina Kirchner la llave para ordenar el juego de las fuerzas políticas y las narrativas que necesita cualquier gobierno para tener su razón de ser. 

Quizás se trate del amanecer de otro sistema de partidos políticos o, tal vez, sea solo un estertor más, sin consecuencias prácticas, del antiguo régimen. La inenarrable reaparición de Cristina Kirchner y las insistentes versiones sobre una fusión entre la oficialista La Libertad Avanza y su aliado Pro señalan que hay movimientos subterráneos en la esfera partidaria. La platea de ese espectáculo está ocupada por una sociedad que atraviesa uno de los peores momentos económicos desde la hiperinflación de 1991.

Sostiene Fraga que Javier Milei debe ser el único presidente argentino que, al revés de sus predecesores, en lugar de referirse como guía personal a próceres locales –San Martín, Sarmiento o Rosas, según los gustos–, retrocede en el tiempo y elige un modelo diferente: a Moisés, el libertador de una parte del pueblo judío.

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