Política

Sergio Massa debe demostrar aún que llegó al Ministerio de Economía para proveer soluciones y no para ser una parte más del problema 

En la última semana el momento político argentino tuvo al menos tres escenarios centrales: Escobar, el Hotel Alvear y las calles.

Los aumentos sucederán en el peor momento político del Gobierno y de la economía, cuando la inflación hace estragos en todos los sectores sociales 

El nuevo contexto político del oficialismo muestra a Cristina Fernández de Kirchner tomando decisiones supuestamente pragmáticas, con cierta sensación a debilidad política. El frente judicial la tiene complicada y, lo acepte o no, quedó atada a la suerte de Sergio Massa.

La tolerancia y la desconfianza del cristicamporismo conviven a la fuerza sostenidos por la expectativa de que el nuevo ministro logre estabilizar la economía 

Córdoba y sus protagonistas configuran un intrincado enigma político. Existen múltiples circunstancias, que involucran principalmente a la oposición de Juntos por el Cambio, aunque también al oficialismo, que hacen de esta provincia un escenario tan singular. 

Tal como suele recomendar Cristina Kirchner cuando no se la llevan los demonios de una hiperinflación en ciernes o del agotamiento de las reservas, pero sobre todo los de un juicio que la está aplastando anímicamente y que la obliga a realizar jugadas desesperadas para enterrar pruebas y testimonios, el diccionario de la RAE siempre es buena compañía. Allí se puede ver que el término procrastinar, que puso en órbita el colega Carlos Pagni, se forma a partir del adverbio latino "cras" o sea mañana, del cual surge el concepto de "dejar las cosas para más adelante, posponer, aplazar". Los "retardatarios" de siempre, diría Juan Perón. 

Desde 1983, todos los presidentes, buenos o malos, fueron los jefes de la nación política. Se acaba de abrir un paréntesis: es como si Alberto Fernández hubiera dejado de ser presidente o como si solo fuera un jefe de Estado protocolar. Solo se lo ve en actos menores y nunca está en los anuncios o reuniones importantes.

“Ministro de Economía busca ministro de Economía”. Mañana promete Sergio Massa saldar ese vacío al designar a su segundo en la cartera, cargo que rebotó en varios candidatos (Redrado, Peirano, Álvarez Agis, familia Lavagna, Bossio, Rapetti) y hasta casi concluye en un macro economista (Gabriel Rubinstein) al que no conocía –solo lo vio una vez– y quien está dispuesto a aceptar la nominación aún si le hubieran impuesto la condición de disculparse públicamente con Cristina Fernández de Kirchner, a la que había ofendido por Twitter más de una vez. 

El reemplazante de Batakis no tiene un plan de estabilización, ni de ajuste. Su objetivo es evitar un derrumbe antes de las PASO y fortalecerse como candidato. Por qué explotó Carrió 

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