Política

El mensaje de la vicepresidenta contra la Corte Suprema incurre en contradicciones y desnuda su debilidad 

Alberto Fernández convalidó la ofensiva relanzada por Cristina Kirchner. Se trata de una jugada con muy escasas chances de avanzar en el Congreso. Tampoco tiene sustento la denuncia de intento de “proscripción” de CFK. Sólo se explica por cuestiones internas en medio de la crisis 

El dólar superó los 300 pesos, pero Alberto Fernández opina que lo que hace falta es una reforma judicial. Podría pensarse que perdió contacto con la realidad, pero lo que le ocurre es otra cosa: fue demolido por la vicepresidenta que demostró tener el poder real dentro del oficialismo y sobreactúa obediencia para sobrevivir. No soportó las andanadas y se sometió. Por eso cuando ve que el equipo de demolición apunta hacia otro objetivo festeja sumando su aporte. Son maltratos que se ahorra. 

El Gobierno se encontró al final con la pared que fue levantando de tanto procrastinar; nadie quiere ponerle el pecho a ningún sacrificio: las calles ya lo dejaron en evidencia. 

Cristina Kirchner quedó expuesta a la crisis. La salida de Guzmán aceleró los problemas que venía incubando. Pero no sólo los mercados están devaluando el liderazgo de la vice. 

Han perdido el tiempo compitiendo por quién se hace cargo de la adversidad política. Mientras esas guerras civiles sucedían en el interior del kirchnerismo, un intenso malhumor creció y se expandió en una sociedad saqueada y defraudada.

Otra vez Sergio Massa. Conjeturas varias luego de la reunión en Olivos, el miércoles 13, entre un Presidente encerrado como un bicho bolita, irresoluto, una Vice más avasallante que un huracán y el titular de la Cámara de Diputados al acecho de la Jefatura de Gabinete. Cuesta la armonía en ese trío, ni por conveniencia concilian el uno con la dos, más precisamente la dos con el uno.

Sus ataques públicos a Fernández agravaron la crisis y sumaron al deterioro económico la pérdida de autoridad del presidente. Por eso abandonó las arengas y concurrió en secreto a Olivos 

La sucesión porteña se ha convertido en la pieza crítica del proyecto presidencial de Rodríguez Larreta. 

La ausencia absoluta de una declaración de apoyo en una docena de días por parte del cristicamporismo y del massismo tiene el efecto de una bomba de vacío sobre la titular del Palacio de Hacienda 

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