Política

En el país ya tendríamos seis estaciones: Primavera, Verano, Otoño, Invierno, Cuarentena y Crímenes.

 

Se escucha con demasiada frecuencia la necesidad de establecer un plan que de certezas para cómo continuar luego de la pandemia del coronavirus, sobre todo en la economía.

 

El retroceso del presidente había quedado a salvo por la opción que ofreció el gobernador. Ahora se abre otra historia. Perotti se convirtió en el “Samoré rafaelino”, pero el juez de reconquista puso todo en el “freezer”.

 

Hijo de un trabajador rural y de la peluquera del pueblo, Fabián Silvano Lorenzini no tiene el physique du rol de un hombre de la oligarquía.

 

El berenjenal en que se metió el gobierno en el caso Vicentin fue atribuido a tres causas. Una, sus supuestas inclinaciones comunistas. Otra, las marchas y contramarchas de un presidente desorientado. Otra, su falta de poder. Terminó más cerca de las “ideas locas” de la diputada Vallejos y de las críticas a la Justicia de Graciana Peñafort que de su presunta “moderación”.

 

El Gobierno no puede o no quiere salir de una lógica binaria y fatalista: cuarentena o muerte. Si la única alternativa es el encierro riguroso, ¿para qué sirvieron los comités de expertos?

 

Vicentin y Portezuelo del Viento tienen en común a Cristina Kirchner. La eventual expropiación de la cerealera de Santa Fe y la aparente suspensión del financiamiento de ese dique en Mendoza obedecen a la lógica que los gobernadores peronistas atribuyen a la vicepresidenta.

 

El avance del Gobierno sobre las empresas movió resortes inesperados en la sociedad argentina.

 

Alberto Fernández atraviesa por un momento de debilidad política. No tiene consenso para expropiar Vicentin, ni consigue cerrar un acuerdo para evitar un nuevo default de la deuda externa.

 

El Presidente se siente tironeado por quienes quieren expropiar y quienes le dicen que es una locura. Por qué intenta quedar bien con todos.

 

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