Política

El presidente Alberto Fernández fue rescatado desde Santa Fe por un modesto juez de provincia y un gobernador afligido.

 

Venía de una inverosímil excursión por el atormentado pasado del país cuando Alberto Fernández tropezó con un juez del interior profundo. Fabián Lorenzini, magistrado del fuero Civil y Comercial de Reconquista, echó de Vicentin a los interventores que envió el Presidente.

 

La peste llegó a la primera línea política. Se rompió el cascarón y llegó la realidad.

 

El mismo gobierno que había enarbolado la idea de un Consejo Económico y Social para fomentar el diálogo, fortalecer el consenso y desarrollar políticas de Estado toma una decisión clave para el futuro del país de manera arbitraria, unilateral y sorpresiva en el peor momento posible: el avance sobre Vicentin en medio de la agudización de la pandemia, la crisis económica y el creciente descontento social consecuente debilita políticamente a un presidente forzado a liderar los segmentos más extremos del kirchnerismo para no aparecer totalmente desdibujado .

 

La ilusión de un espacio propio liderado por el Presidente pierde fuerza ante la ofensiva de Cristina y el kirchnerismo

 

El país que aparecerá después de la eterna cuarentena tiende a construirse según los sueños incumplidos de Cristina eterna. Es la Argentina que se enamora de soluciones transitorias y las convierte en dogmas sagrados. "Cuarentena o muerte" es la nueva consigna del viejo relato, mientras celebra con alegría la supresión de libertades y se extiende la paralización hasta el borde de la desaparición de las actividades productivas.

 

Está en su naturaleza, esa es la razón que explica por qué el escorpión mordió a la rana cuando cruzaban el río.

 

Borges decía que dos coincidencias pueden ser obra de la casualidad. Si son tres, estamos ya ante una decisión divina. El criterio tiene validez también en el vulgar terreno de la política.

 

Si el pasado no es en la actualidad un buen predictor del futuro, entonces leer a los clásicos sería una pérdida de tiempo. Como todo en la vida, es relativo. No es que los clásicos hayan dichos cosas que ya no sirven, pero tampoco se los debe tomar como un texto sagrado.

 

En medio de la pandemia, dos noticias movilizaron a distintos estratos del gobierno. Aunque no incomodaron a todos.

 

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