Política

En octubre de 2016, el entonces fiscal general Germán Moldes esperó 15 días para apelar ante la Cámara de Casación el obstinado desistimiento de la denuncia del fiscal asesinado Alberto Nisman sobre el memorándum con Irán. Esperaba que no estuviera de turno el fiscal de Casación Javier De Luca, un fundador de Justicia Legítima con evidentes simpatías hacia el cristinismo. En diciembre de ese año, la Cámara de Casación ordenó reabrir e investigar la denuncia de Nisman.

 

La expresidenta mantiene un caudal para nada desdeñable, pero no es suficiente para imponer un giro extremo, suponiendo que ese caudal sigue intacto en la actualidad.

 

En los últimos días proliferaron versiones sobre diferencias internas en la oposición. Paradójicamente esas versiones formaban parte de la interna del oficialismo.

 

Los dos heredaron el poder, no lo construyeron. Sus mentores, Macri y Cristina, son los jefes de la grieta. Los dos fueron blancos del bullying político dentro de sus propias coaliciones.

 

La venta de Oca y de Garbarino a firmas sospechadas de vínculos societarios con Hugo Moyano trae reminiscencias de la fantasía de la izquierda peronista en los 70.

 

Los intendentes del GBA buscan compartir el costo político de la pandemia con el Jefe de Gobierno porteño.

 

Difícil es no asociar algunas medidas tomadas por funcionarios del gobierno de Alberto Fernández con los objetivos de la vicepresidenta Cristina Kirchner en materia judicial.

 

En una semana cruzada por dos anuncios clave, la suerte del canje de deuda y la prórroga de la cuarentena, el fin de semana próximo, la lucha contra la pandemia del coronavirus se politizó al máximo.

 

Algunas luces de alarma se han encendido en el Gobierno. Ocurre en torno a una situación absolutamente paradojal: mientras el pasado fin de semana se decidió flexibilizar la cuarentena y abrir cada vez más la actividad económica paralizada desde hace 50 días, empezaron a crecer los casos de contagios y fallecimientos en distritos y comprometidos como la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense.

 

Casi al mismo tiempo en que en el Gobierno empezaban a ilusionarse con la división de la oposición, desde las propias filas oficialistas lograron el efecto contrario.

 

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