Política

El nuevo ministro bonaerense sumó a "Chiche" Duhalde a su equipo para "aggionar" la red de asistencia social de los 90.

 

Las señales que da un Gobierno en los momentos de crisis son determinantes para poder conseguir el apoyo de la población en busca de un objetivo común.

 

Alberto Fernández se preocupó por mostrar en los últimos días que para lograr sus objetivos no está en su naturaleza chocar paredes sin saber si las puede atravesar. En materia sanitaria, en el terreno económico-financiero y en el campo político. Testea y busca quebrar algunos límites, pero no saca el pie del freno. Por lo menos, hasta ahora.

 

El Presidente tiene hacia el futuro otro Mar Rojo para atravesar y mejor para él que sea con 80 por ciento de imagen positiva.

 

Al default, al encierro y a la parálisis productiva el gobierno añadió en la última semana otro problema: las diferencias políticas entre los principales socios de la coalición oficialista.

 

El manejo de la pandemia de coronavirus le ha servido al presidente Alberto Fernández, a modo de primera conclusión de los esfuerzos que realiza desde que asumió para construir un mandato con poderes propios y no delegados, como la verdadera oportunidad que existe detrás de toda crisis.

 

El viernes, la aceptación de la propuesta del gobierno argentino por parte de los acreedores fue baja. Es probable que también lo sea en el nuevo plazo, que vencerá mañana. Con todo, el anunciado fin del mundo no sucedió ni sucederá.

 

Los tiempos del Presidente son propios de su formación y marcan la negociación de la deuda.

 

Para el kirchnerismo, 2020 es el año de acumular poder; en 2021, volverían al silencio y un discurso light que les permita seducir al electorado

 

Hablan de ellos y nosotros, y un aire de ajenidad habita esos gestos y palabras. Cuentan como triunfos las nuevas posiciones de poder obtenidas y celebran sin mucho disimulo los fracasos de los funcionarios de Alberto Fernández.

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