Economía

Por las buenas o por las malas, tarde o temprano, probablemente Argentina tenga que ir a un nuevo equilibrio de tipo de cambio muy alto, que genere dos impactos contundentes similares a los del ciclo 2002/2005.

Un esquema difícil de entender para los expertos en economía y que muestra cinco elementos que poco tienen que ver con las historias populistas del pasado

A muy pocos días de las elecciones legislativas del 14 de noviembre, la Argentina muestra un esquema económico que por los resultados manifiesta que está lejos de ser un modelo que en el futuro pueda generar un crecimiento económico genuino para mejorar los ingresos, reducir la pobreza y aumentar el empleo formal.

Este populismo con muchos pesos en la calle, con pocos dólares de reservas internacionales, con una inflación anual que llega al 60 % y con una pobreza que supera el 50 % de la población muestra cinco elementos que poco tienen que ver con las historias populistas del pasado.

Entre estos podemos destacar:

  • -Tratar de reducir la inflación con controles de precios y sin reducir el ritmo de la emisión monetaria del BCRA.
  • -Trazar el tipo de cambio para que la inflación no aumente.
  • -Congelar los precios de las tarifas de servicios públicos de gas y electricidad para que no impacten positivamente en la inflación.
  • -Frenar las importaciones de materias primas y bienes para que no aumente la demanda de dólares oficiales que valen la mitad de lo que cuesta el dólar financiero alternativo más caro.
  • -Regular las exportaciones agropecuarias a través de retenciones y un tipo de cambio retrasado para que no aumenten los precios de los productos exportables, en particular alimentos.

Un esquema difícil de entender

Es un esquema difícil de entender para los expertos en economía. En particular por el manejo de una especie de heterodoxia inconsistente que tiene como dogma fundamental que consiste en lo siguiente. En la medida que los desequilibrios fiscales monetarios y cambiarios se hacen más evidentes busca corregirlos con más controles y regulaciones que agravan esos desequilibrios.

El economista Carlos Melconian explica a iProfesional que "el problema es que conviven dentro del oficialismo una supuesta heterodoxia macro inconsistente del Ministerio de Economía con un populismo macroeconómico del Instituto Patria con el equipo económico que estuvo entre el 2013 y fines del 2015 liderado por Axel Kicillof que se apoya en una represión cambiaria e inflacionaria".

Estas dos corrientes conviven, pero no tienen un hilo conductor y ambas están lejos de las premisas y metas de política macroeconómica y las reformas estructurales que conlleva firmar un acuerdo con el FMI en los próximos meses. En este contexto, no pueden descartarse en el camino 2022 – 2023 problemas de gobernabilidad ni una espiralización de la crisis económica.

Para Melconian la chance de estabilizar la inestabilidad está abierta en la medida que el oficialismo no se suicide políticamente, acuerde con el FMI y adopte una política económica de elongación. “No hay margen para un plan bomba a la 2015 porque le estallaría al propio gobierno. Ni hay margen para un “vómito desintoxicante a la 2002” porque las condiciones económicas son totalmente diferentes. Son tiempos de políticas económicas para aguantar, de elongación y transición “a la Jorge Wehbe 1962, 1973 y 1983” dice el economista.

La idea de cuidar las reservas internacionales del BCRA para evitar en un salto devaluatorio tratando de regular el mercado cambiario de los dólares financieros alternativos instrumentada desde octubre del año pasado solo ha servido para retrasar el problema solo un año. Pero luego que el dólar paralelo superara la semana pasada la barrera psicológica de los 200 pesos y con un riesgo país superior a los 1700 puntos básicos al parecer el ministro de Hacienda Martin Guzmán y el presidente del BCRA Miguel Pesce no tienen mucho más por hacer. Es cierto que el kirchnerismo populista siempre tiene a mano alguna medida.

En ese caso no habría que descartar que de continuar la fuerte demanda de dólares la dupla opte por dejar de vender el dólar solidario en el mercado. Es un dólar subsidiado por el Gobierno que el BCRA venda a 173 pesos, pero las personas solo pueden comprar 200 dólares.

De no ser suficiente, se podría intentar un súper cepo cambiario o tipo de cambios diferenciales para distintos sectores. El primer ejemplo se conoció ayer con una resolución del ministerio de Agricultura para comenzar a reducir las retenciones a las exportaciones del sector pesquero.

La imposibilidad de acumular reservas

El problema es que este populismo kirchnerista tiene un BCRA que pese a contar con un superávit comercial de cinco dígitos no acumula reservas. El súper cepo y el ancla cambiaria que diseñaron Guzmán y Pesce en octubre del año pasado con una política que consistía en mantener una tasa de devaluación del 1 % mensual del dólar oficial con una inflación del 1,5 % al mes para que la inflación no subiera tanto. Pero los resultados están a la vista la inflación de octubre probablemente supere el 3 % mensual.

Luego reforzaron el cepo desde julio de este año para reducir la demanda de dólares financieros alternativos. Tampoco dio los resultados esperados. La única salida a mano es volver a reforzar el cepo. Esto es lo que se produjo la semana pasada cuando el BCRA impidió a los bancos mejorar sus posiciones en dólares.

El populismo kirchnerista también busca siempre estirar los pagos de la deuda privada y pública, aunque a veces al final termina pagando. El problema es que la reestructuración de la deuda realizada en septiembre de 2020 por Martin Guzmán no fue exitosa porque los nuevos bonos argentinos siguen con tasas internas de retorno promedio del 20 por ciento anual y habrá que comenzar a pagarla a partir del año que viene. Lo mismo ocurre con la deuda con el FMI con una renegociación que se sigue retrasando. El objetivo era lograr más tiempo para mejorar la política fiscal y monetaria y poder acumular reservas.

Con la incertidumbre política acumulada para el post - 14 de noviembre, una negociación con el FMI que no se cierra la política económica oficial es muy frágil pero el problema es que todavía a este gobierno le faltan dos años de mandato por cumplir. El riesgo de una espiralización cambiaria e inflacionaria sigue latente.

Carlos Arbia

Chile y Perú tienen en estos momentos en juego las bases mismas de los sistemas económicos y políticos que han mantenido durante décadas. El ciudadano medio, sin embargo, difícilmente se haya visto afectado por estos peligros en el manejo de su economía cotidiana. Acá, sin embargo, las cosas son distintas.

El gobierno le pagará al FMI en diciembre. El mercado lo valora a favor, pero tiene el costo de la disminución de las reservas. 

En ausencia de un programa creíble y bien ejecutado, el único ajuste es el peor de todos, el inflacionario

Para muchos en el actual gobierno, que se reconozca la multicausalidad de la inflación pareciera a veces una cuestión “fundamental”. Pero seguramente lo que entienden muchos acerca de la multicausalidad no es lo que otros entienden por tal cosa. Y veo que, en general, la idea de la multicausalidad es usada para soslayar el rol muy relevante que los desequilibrios monetarios (que se han correspondido con desequilibrios fiscales o cuasifiscales) han tenido en nuestra tan alta inflación.

Quienes pueden comprar dólares a $200 o más buscan cubrirse de dos pronósticos económicos preocupantes que, en términos meteorológicos, equivaldrían a un huracán o, alternativamente, a tormentas de variada intensidad, cualquiera sea dentro de 8 días el resultado de las elecciones legislativas.

El FMI exige que el plan a acordar con la Argentina tenga apoyo explícito en el Frente de Todos y un aval de los empresarios. Las peleas internas que suman incertidumbre. La idea extrema que late en La Cámpora.

Luego de que pasen las elecciones de medio término, el Gobierno tendrá una ventana de cuatro meses para alcanzar un acuerdo con el FMI. Si no se consigue otro financiamiento bilateral para pagarle al Fondo y al Club de París (que parece improbable) las opciones disponibles son dos: o se entra en default o se llega a un acuerdo.

El Gobierno presentará un plan económico para cerrar con el Fondo. ¿Qué va a pasar con el dólar y con las tarifas? ¿Qué opina Cristina Kirchner de esta idea?

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