Opinión
El incidente con Manes desnudó que el protagonismo “sacado” de Caputo puede causarle daño a la gestión de Javier Milei que dice defender. Y a su propio desempeño como “estratega”.
Hay que salirse de las reglas de lo políticamente aceptable. Los productos políticos pueden ser muy variados y distintos a cualquier otra cosa preexistente. Disrupción mata a tradición.
Robert De Niro recibe por televisión las filípicas que le lanza una poderosa empresaria tecnológica y escucha con atención un aforismo que ella desliza al paso: “El gran Benjamin Franklin decía que quienes renuncian a la libertad esencial para comprar seguridad temporal no merecerían ni la libertad ni la seguridad”. Luego De Niro, que encarna a un expresidente a cargo de una emergencia nacional y que para algunos es una especie de “viejo meado”, recuerda que la Justicia estaba investigando a esa empresaria tecno por 19 violaciones a la ley Sherman de antimonopolio. Ella, ya en persona y lo más fresca, acusa el comentario y a su vez le advierte: “Cada potencial autocracia comienza intentando someter al sector privado”. De Niro asiente, pensativo: “Las tecnológicas no quieren la intervención del gobierno”, y de inmediato se rehace: “Por cierto, señora, equivocó el otro día la cita. En realidad, Franklin dijo que no debíamos sacrificar la libertad civil. No se refería a la libertad personal”. ¿Y cuál es la diferencia?, le pregunta la empresaria tecno, confusa y desafiante. La respuesta del veterano resulta simple pero antológica: “La libertad personal le permite a gente como usted hacer lo que quiera. La libertad civil es la que nos protege al resto de los ciudadanos de las personas como usted”.
“¿Por qué, oh dioses, todo, todo es eterno y sólo la felicidad no?”.
- Johann Wolfgang von Goethe.
La Corte de los Milagros y el llanto de la Justicia - Por Carlos Salvador La Rosa
Escrito por Carlos Salvador La Rosa
En este caos de desinstitucionalización casi total que sufre la Argentina, lo único que milagrosamente sobrevivió como una isla de institucionalidad fue la Corte Suprema de Justicia, la única institución que se mantuvo independiente durante todo lo que va del siglo. Ahora esto parece que también se acaba. Y entonces ya no seremos institucionalmente nada. Ya no habrá división de poderes, porque ni siquiera habrá poderes que se puedan dividir.
A quién conviene la llegada de Ariel Lijo a la Corte es la pregunta a hacerse en este complejo ajedrez político-judicial.
Javier Milei nunca deja de llamar la atención en el mundo. En menos de dos semanas acaba de notificar a los interesados en invertir en la Argentina que una relación personal con él puede resultar más beneficiosa que un plan de negocios. Y, más importante, que la Justicia argentina seguirá siendo un costoso problema antes que una garantía.
Las nuevas elites tecnológicas fomentan la desinformación, la difusión de prejuicios, el aumento del rencor, las teorías conspirativas, las falsedades, el descrédito de la razón, para manipular en favor del control de ellas mismas los sentimientos más primarios de las masas.
El escándalo que ha generado el paso en falso dado por Javier Milei y su entorno respecto de la cripto moneda, no ha cesado de crecer o -según sea la óptica con arreglo a la cual se lo analice- lleva destino de desaparecer dejando detrás suyo pocos rastros. Hay acerca de este tema dos visiones, de suyo contrapuestas: la de los moralistas y su contraria, la de los realistas.
Lo bueno de lo malo: se reaviva el debate sobre la calidad institucional - Por Sergio Berensztein
Sergio Berensztein
La naturaleza y la eficacia de las reglas del juego formales e informales que una sociedad se da a sí misma es la variable más importante para comprender los procesos de desarrollo económico en el largo plazo
Más...
Milei, Lijo y Riquelme - Por Carlos Mira
Escrito por Carlos Mira
Finalmente el presidente firmó el decreto para que Ariel Lijo y Manuel García Mansilla sean designados jueces de la Corte como mínimo hasta el 1 de diciembre de este año en que termina el año de las sesiones ordinarias del Congreso si el Senado no endosa sus designaciones antes.
Lijo consolida a un nuevo grupo político: los “republicanos selectivos” - Por Daniel Santa Cruz
Daniel Santa Cruz
“¿El doctor Lijo puede ser juez, pero no juez de la Corte? Si no puede ser juez, no puede ser juez en ninguna instancia. Entonces, es un poco contradictorio”, dijo en las últimas horas la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, una de las más fieles defensoras de todas las propuestas que lleva adelante el gobierno que integra. Bullrich no es la única, existen muchos dirigentes del Pro, los llamados “radicales con peluca”, algunos “peronistas acomodaticios”, como así también algunos comunicadores, analistas y actores de la política cotidiana que dieron a luz, con sus acciones y opiniones, un nuevo grupo de ejercicio político que se suma al nutrido y variado mapa gubernamental argentino: los republicanos selectivos.
Más allá de los posibles desenlaces del escándalo conocido con el nombre de “criptogate”, importa interrogarnos, desde nuestra condición de ciudadanos, acerca de cómo pudo ser posible que en la cumbre más elevada del poder haya ocurrido un episodio que -en el más suave de los casos- merece calificarse de “turbio”, entre otras cosas porque el Gobierno no logra dar una respuesta satisfactoria, salvo que alguien crea en los argumentos acerca de la ingenuidad del Presidente.
Si, descorrido el velo de la impostura, quedara a la vista un nuevo capitalismo de amigos, es probable que el péndulo de la historia nos precipite otra vez en brazos de los fingidos progresistas.

