Opinión
Lo venimos repitiendo desde hace más de un mes: Adorni no es Adorni, Adorni es Milei. Es el mejor espejo de un gobierno conducido por quien, creyéndose anarquista –anarcocapitalista–, con la coparticipación de su hermana lleva adelante una administración anárquica.
Mentiras, Costos y Preguntas Inquietantes - Por Enrique Guillermo Avogadro
Enrique Guillermo Avogadro
“Pese a lo que digan las redes sociales y sus amos, que las asimilan a las élites dirigentes, la prensa sigue siendo un contrapoder”.
Giuliano da Empoli
Mucho me temo que la Argentina, nuevamente, se encamine a perder una de las mejores oportunidades del siglo. Ya lo hizo cuando, con la tonelada de soja a US$ 650 y los precios de nuestros productos exportables volaban, la familia Kirchner prefirió robar a espuertas en lugar de aprovechar ese generoso maná para desarrollar el país y constituir un fondo anticrisis, al estilo de Noruega.
Patricia Bullrich y Javier Milei son dos dirigentes muy distintos pero complementarios.
Se trata de una colección de políticos enriquecidos, empresarios prebendarios, influencers favorecidos y jueces adherentes, que respira al calor del poder libertario.
Las declaraciones de Manuel Adorni sobre los ahorros familiares “en negro” abrieron un debate que merece escapar tanto del fanatismo opositor como del reflejo automático de la defensa oficialista.
La credibilidad argentina exige que puedan gobernar Milei, Kicillof, Macri o Bullrich sin alterar prioridades estables de la Nación.
Nada es lineal en la Argentina. Los aspectos luminosos de la política conviven con los más oscuros. Las personas honorables que pueblan las diversas cámaras de representantes a lo largo y ancho del país, como así también los funcionarios públicos nacionales, provinciales y municipales que nada tienen que ocultar, a diario desarrollan su labor junto a los corruptos.
Una movilización de rasgos “religiosos” que prendió en la política; Kicillof y Máximo Kirchner retoman el diálogo; los Mahiques, ¿trabajan para Milei o para ellos mismos?; las reuniones de Macri, ¿para refundar Juntos por el Cambio?; el Gobierno y el pliego de la jueza Michelli.
La pasión argentina: el riesgo de que una virtud se convierta en una trampa política – Por Carlos Mira
Carlos Mira
Justo en la antesala del Mundial de 2026, cuando la Argentina vuelve a prepararse para vivir uno de esos fenómenos capaces de paralizar al país entero, quizá sea oportuno hacerse una pregunta incómoda: ¿y si nuestra mayor virtud fuera, al mismo tiempo, uno de nuestros peores defectos? ¿Y si esa pasión que tanto nos gusta exhibir como marca registrada nacional pudiera convertirse, en determinadas circunstancias, en una trampa mortal para nuestros propios intereses?
Continúa de ayer: No será la economía, sino la cultura
“Milei no es liberal, es anarquista”, sostiene Mauricio Macri. El liberalismo en la Argentina no tiene un caudal de 56% de los votos, como obtuvo Milei en el balotaje de 2023.
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Patricia no salió a disentir fuerte en las últimas semanas por ambición -y sabe Dios si por convicciones- sino porque está oliendo sangre, como su exjefe Macri. Está en su instinto y en su cultura de origen peronista. No le pidan que se controle.
Argentina necesita una transformación profunda a fin de que la escuela no sea un lugar de contención, sino de una calidad educativa tal que prepare a las nuevas generaciones en el ingreso a la sociedad del conocimiento. Para ello, recuperar el prestigio de la profesión docente es un paso imprescindible.
Economistas heterodoxos con posiciones opuestas al Gobierno reconocen que esta vez puede ser distinto a la tablita de Martínez de Hoz, que colapsó en 1980; o la Convertibilidad, que concluyó en crisis a fin de 2001, porque la Argentina tiene un in crescendo Vaca Muerta y minería que se agregan al aumento de la productividad del campo, recursos que no existían hace tres y cinco décadas, que, si bien llegarán a su maduración en 2030, la existencia de ese flujo futuro, como garantía, facilita el puente financiero hasta que la restricción de dólares se haya superado.

Prima la cautela en el establishment ante la próxima cita electoral, a pesar del vaticinio de Caputo sobre la imposibilidad de un triunfo de Kicillof, aun si hubiera un shock externo o una invasión de seres de otro planeta.

