Opinión

 

“Lo malo: perdimos el presupuesto. Lo bueno: lo perdieron Máximo y Massa”.

 

 

Gabriel Boric, el nuevo presidente electo de Chile, ha dicho que él y su fuerza “son la nueva izquierda de Chile que se nutre en su propia historia y en el peronismo argentino”.

 

 

El Estado debe satisfacer el bien común y la defensa de los intereses de la Nación, su posición debe enmarcarse en un contexto general que contemple todos los actores de la sociedad y preste atención a los agentes de producción y generadores de empleo. En consecuencia –también en su rol de acreedor– se exige un ejercicio razonable en sus funciones, alejado de acciones abusivas o contrarias a los principios republicanos.

 

 

Desde sus comienzos, los peronistas se jactan de ser el único partido que puede manejar las crisis en el país.

 

 

Cualquiera fuera la razón, ayer se rechazó al kirchnerismo: el país necesita un gobierno serio.

 

 

Expectativas sobre cómo se resolverá la crisis del país. Veinte años después, el mismo problema.

 

 

En democracia y en un régimen representativo, hay algo peor a que un dirigente nos tome por tontos: que él lo sea.

 

 

El gobierno de Alberto Fernández comprobó en carne propia su debilidad parlamentaria. Su principal enemigo, sin embargo, no es la oposición, sino su incapacidad para el diálogo y la terquedad, la altanería y la soberbia de algunos integrantes de la coalición oficialista, con Máximo Kirchner a la cabeza, características de regímenes seudodemocráticos con rasgos autoritarios.

 

 

La Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional la composición actual del Consejo de la Magistratura, reforma legal impulsada por la entonces senadora Cristina Fernández (2006). La Corte ordenó al Congreso dictar una nueva ley y hasta entonces volver a los 20 miembros a los que se refiere la Constitución Nacional con la presidencia del presidente de la Corte.

 

 

“También los derrotados, tarde o temprano, encuentran una voz”.
- Fabiano Massini

 

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