Opinión

 

Supongamos sólo por un momento que, de buenas a primeras, el Fondo Monetario Internacional se convirtiese en una sociedad de beneficencia y decidiese conmutar la deuda que la Argentina arrastra con ese organismo de crédito. Seguramente la euforia ganaría a buena parte de la población creyendo que, desaparecida esa espada de Damocles -que ya no pendería sobre nuestras cabezas- al país se le abriría un futuro promisorio.

 

Hoy empieza, supuestamente, la “guerra contra la inflación”. ¿Se anunciarán medidas enmarcadas en un programa de estabilización bien diseñado y pronto a ser implementado con experiencia y credibilidad? ¿O, como es habitual en el ecosistema K del que el peronismo aún no se desacopla, pretenderán utilizar viejos instrumentos que jamás funcionaron (controles de precios, ley de abastecimiento), presentados con una retórica encendida y anacrónica?

 

El problema del Gobierno para enfrentar la inflación no solo es de corte ideológico: también se caracteriza por sufrir una falta de comprensión de la realidad pocas veces vista

 

El desconcierto del presidente que navega entre quedar bien con su vicepresidenta, que ni siquiera le contesta los mensajes, y los reales problemas de Argentina oscila entre lamentable y preocupante.

 

Después de desnudar en la Cámara Baja su carácter minoritario entre los diputados del Frente de Todos, la galaxia K se aprestaba ayer a confirmar que también es minoría en el oficialismo del Senado, la cámara que preside la vicepresidenta.

 

La guerra entre Rusia y Ucrania ha desatado el espanto en casi toda la comunidad internacional, por lo virulenta, imprevista y cambiante, dejando a todo el mundo haciendo cálculos sobre cómo preparar un futuro al que habrá que adaptarse sin manuales previos de funcionamiento.

 

La filosa lengua de Winston Churchill dejó una colección de frases memorables, una de las cuales atañe a nuestro país: “Perón fue el único soldado que ha quemado su bandera y el único católico que ha quemado sus iglesias”.

 

Cuando los diagnósticos son equivocados, ningún tratamiento da resultado. El gobierno siempre asignó la total responsabilidad de la escalada inflacionaria a los empresarios y comerciantes sin entender cuál es la verdadera causa de la disparada de precios

 

El organismo que el gobierno creó y murió antes de nacer es, quizás, una muestra del buen humor que nos propone el Ejecutivo

 

Las aguas que antes dividía Venezuela ahora las parten al medio Putin y Rusia y la invasión a Ucrania, pero no hay ninguna transversalidad en el escándalo lógico, político y ético que representa el apoyo y la defensa del líder autócrata

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