Opinión

“En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”.
- George Orwell

Varios de los problemas que acucian a las sociedades se crean por su actitud hipócrita de no pensar en los costos de todo tipo que pagarán si se les concede lo que reclaman con urgencia y vehemencia, o violencia. 

Malvinas son parte de nuestro pasado, pero sobre todas las cosas son una brújula poderosa que nos marca el rumbo de nuestro futuro

Hubo unanimidad en los análisis respecto de cuanto aconteció -al menos en el ámbito de la capital federal- el pasado 24 de marzo. Según todos, en el “día de la Memoria” -que así lo han denominado- el camporismo hizo gala de su poder de movilización y realizó -claramente, a expensas de los seguidores de Alberto Fernández- una notable muestra de su poderío. La explicación es cuando menos curiosa, por no decir antojadiza o hasta disparatada.

“Todo tiempo pasado fue mejor”. La frase, trillada y nostálgica, aplica con precisión científica cuando se analizan los candidatos con potencial presidencial que podría presentar el peronismo en este momento.  

Obviamente que los desalmados son los que señalan el problema y los buenos son los políticos que, reparten miles de millones de pesos de los que pagamos impuestos para mantener cautivo el voto su los planeros.

Tantas semanas hablando sobre qué pasaba en el oficialismo, se le dedicó mucho menos tiempo a analizar qué estaba pasando en Juntos por el Cambio (JxC). Pero más allá de las partidas de bridge de Macri, también hay mucha tela para cortar (o cartas para barajar).

La historia política de Gustavo Béliz tiene ribetes novelescos. De joven, fue periodista profesional; luego, ya inmerso en el menemismo, ejerció como ministro del Interior y paladín de la lucha contra la corrupción, al punto que, dentro de su propio gobierno, sufrió el bullying de sus colegas que lo apodaban “zapatitos blancos”. Al renunciar, el experiodista les devolvería la gentileza con una sola frase: “Estoy sentado sobre un nido de víboras”.

Muchos individuos hablan convencidos que conocen todo lo que concierne al análisis “académico” de las ciencias sociales, utilizando una retórica viciosa con silogismos ridículos del tipo: “ningún animal es insensible; los peces son animales, luego no son sensibles”, o “todo metal es mineral, el oro es metal, luego es mineral” (Balmes).

El gobierno parece haber ingresado en un terreno de misticismo respeto de su visión de la inflación. Ya huérfano de toda excusa que lo exculpe como el único responsable de lo que ocurre con los precios, ha echado mano del diablo para intentar explicarlo.

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