Opinión
El año pasado, cuando mi hijo, un joven estudioso de cosas rusas, me mostró un breve ensayo sobre Alexandr Dugin, me morí de risa: ¡otro peronista! ¡Ruso esta vez! Pobre hijo, le tomé el pelo, te fuiste a las antípodas para “matar al padre” y caíste en el mismo embudo. Es así: todas las historias son locales, todos los fenómenos son universales.
Ayer el ministro de desarrollo social Juan Zabaleta anunció un aumento del 50% de la llamada “tarjeta alimentar” llevando el beneficio a $9000.
La decadencia argentina ha alcanzado magnitudes espantosas. Pero la regeneración es un imposible: es creer que se puede revertir todo de un golpe. El libertario hace punta en leer el estado de ánimo antipartido.
“Odio y temo al cinismo más que al diablo; a menos que ambos sean la misma cosa”
- Robert L. Stevenson, novelista y poeta escocés del siglo XIX
Si se mira al Estado nacional desde un dron, se verá un gigantesco organigrama fracturado, una maquinaria paralizada por internas facciosas, y una administración sin rumbo ni orientación. Pero si se incluyen las administraciones provinciales y locales, y se las mira al ras del suelo, desde la perspectiva del ciudadano común, se verán oficinas públicas que han dejado de atender, ya no dan respuestas elementales y tratan a los contribuyentes como si fueran una molestia.
El enemigo en casa - Por Carlos Mira
Escrito por Carlos Mira
Justamente ayer especulábamos con la pregunta sobre si el peronismo podrá decapitar a su “conductor(a)” que, claramente, parece haber secuestrado ese movimiento para su sola finalidad personal de no ir presa.
Cada semana que pasa la Argentina nos ofrece postales del deterioro social y económico en el que naufraga durante los últimos dos años. El más reciente de todos, con reminiscencias llamativas a lo que fueron los inicios turbulentos de este siglo en la Argentina, es el acampe que realizaron recientemente las organizaciones sociales en las inmediaciones del Ministerio de Desarrollo Social en la avenida 9 de Julio. Una postal que ilustra con crudeza y precisión la delicada situación de precariedad en la que se encuentra el país.
Estamos tristes, mirando sin ver, caminando con la cabeza gacha por las calles de todo el país.
Tallar entre La Doctora, socia mayoritaria, el hijo Máximo, la Agencia y el CEO Alberto
El plan inicial de los militares era tomar puerto argentino y después volver, para evitar una confrontación. Galtieri, envalentonado por las masas en plaza de mayo, cambió de opinión.
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No pudimos recuperar las islas Malvinas, pero como consecuencia de ese fracaso recuperamos la democracia.
Nuestra obsesión por 1982 nos cierra el paso para pensar mejor sobre Malvinas. El mundo cambió, pero seguimos diciendo y sintiendo las mismas cosas que hace 40 años.
Para Carl von Clausewitz, uno de los principales teóricos de la ciencia militar, toda guerra era una empresa política de alto vuelo, en la que todos los recursos de una nación debían ser puestos a disposición de ella. La guerra constituía para este militar prusiano una continuación de las relaciones políticas por otros medios.
A la Argentina de los Fernández, más allá de “la pandemia y de la guerra” (Alberto dixit), no le faltaba nada. Es más, le sobra pobreza, inflación, inestabilidad institucional, furiosas internas, intentos de controlar la libertad de expresión y como si esto fuera poco, aparece Wallmapu.

