Opinión

 

Uno de los logros mundiales más significativos frente a la pandemia del Coronavirus y sus derivaciones, consistió en haber puesto en evidencia algunas virtudes de una nueva productividad en países que trasladaron rápidamente gran parte de las labores remuneradas en la industria y el comercio a la nube digital, en cuanto caso fuese posible, suturando estratégicamente la emergencia.

 

En una semana clave para las negociaciones con el Fondo Monetario, en la previa al vencimiento de enero, el presidente Alberto Fernández se refirió a la cuestión y volvió a marcar que Argentina persigue un acuerdo que no condicione el crecimiento. Expresó que en el pago de la deuda que contrajo el gobierno de Mauricio Macri debe contemplarse el “derecho a crecer como nosotros queremos crecer”. Y agregó que “cuando los ajustes llegaron nuestro pueblo padeció”.

 

Escurridiza, infantilmente tratamos de no pagar costos; preferimos que la realidad, implacable en su dinámica, decida por nosotros

 

La visita del presidente argentino a Moscú y Beijing en febrero es una manifestación de involucramiento regional en la crisis estratégica global

 

El estilo de jugar constantemente sobre el filo de la navaja desconcierta y hace crecer la incertidumbre. No hay en el Gobierno línea argumental y conducción ejecutiva.

 

Entre el Tercer Gobierno Radical de Macri y el Gobierno de La Doctora que preside Alberto.

 

El Presidente y su vice se siguen marcando la cancha. ¿Contradicción sin remedio o disenso acordado? La oposición no escapa a esa lógica.

 

El proyecto educativo de la generación del ochenta incluía entre otras virtudes dos condiciones decisivas. Gratuidad y obligatoriedad. Respecto de la gratuidad, ya habrá tiempo para hablar en detalle, pero en principio se la consideraba una condición decisiva porque el objetivo social y político estaba destinado en primer lugar a los sectores de menores recursos.

 

La palabra oficial se devalúa y no hay sanción para los que incumplen sus deberes.

 

En Isla Negra las arenas estaban permanentemente húmedas durante aquel otoño de 1994 y el océano Pacífico batía de manera inclemente esa costa gris y cansada. Así lo apunta en sus excepcionales memorias literarias Juan Cruz Ruíz, que en aquel año fungía como director global de Alfaguara y que llevaba de visita a la legendaria residencia de Pablo Neruda a dos grandes estrellas narrativas de su propia editorial: la chilena Marcela Serrano y el español Arturo Pérez-Reverte.

Top