Opinión

 

El kirchnerismo siempre se ha servido de la pobreza, la ha utilizado para su propio beneficio y la ha puesto como excusa para cualquier acto de gobierno que haya implicado un enorme e injustificable derroche de recursos públicos

 

 

Tienen una idea fija. O, mejor dicho, dos: la de eximir de responsabilidad criminal a Cristina Fernández y la de hacer todo el estropicio institucional necesario para lograr ese fin.

 

 

Los resultados electorales de este año operaron algunas consecuencias curiosas. La primera de ellas son los conflictos internos dentro del bando ganador, ya que se supone que el perdedor es el que debe estar en ebullición, mientras que el triunfante debe cerrar filas en pos del gran objetivo, mirando desde el ring side cómo el adversario se desangra con sus ajustes de cuentas. Pues aquí está sucediendo algo inverso.

 

 

Una Cristina desaforada como siempre, pero esta vez incoherente y maliciosa, demostrando que siente los efectos de la polvareda dejada por quienes se alejan de ella, demostró en su alocución de Plaza de Mayo del viernes 10 del corriente, que vive agazapada como una auténtica francotiradora, con el objetivo de fulminar a enemigos que elige caprichosamente.

 

 

El kirchnerismo no quiere imponer una versión propia de la historia diferente de la real. Es mucho peor: al pasado lo acomoda a sus necesidades de cada momento. Historia a la carta. Acaba de ocurrir con la apropiación del 10 de diciembre, una fecha hasta ahora desdeñada.

 

 

En busca de la perpetuación de los cargos de intendentes y legisladores bonaerenses.

 

 

En las marchas se planteó una competencia por el control de la calle y por la representación de lo que en cierta medida son concepciones semejantes.

 

 

Todo cambia en la historia, pero nada desaparece por completo; mitos e ideas, odios y amores que animaban a ambos extremos van y vienen, se desvanecen y vuelven

 

 

Cuatro derrotas consecutivas en elecciones de medio término exigen plantear la pregunta sobre la verdadera gravitación del peronismo en la política actual

 

 

La realidad demuestra que la integración regional no se construye desde la afinidad ideológica ni desde la amistad de los gobernantes, sino desde la solidez de las instituciones en los países que van tejiendo lazos de integración.

 

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