Opinión

 

 

¿Por qué importa la reforma de la ley de Ministerio Público? ¿Por qué importa cómo se designa y cuánto dura en el cargo el Procurador General de la Nación?

 

 

Hasta hace pocas horas, Alberto Fernández podía ufanarse de ser un Presidente Pequeño, Pequeño, pero Presidente al fin. El discurso de apertura de las elecciones legislativas había sido una aburrida elegía a las posiciones políticas de su vicepresidenta, pero sabemos que el lema del Presidente es “a las palabras se las lleva el viento” (aunque no la cloud de internet). El discurso contenía asimismo la confesión explicita de que, más que quejarse airadamente, no iba a ser mucho más para cumplir con la tarea para lo cual Cristina Fernández lo designó en el primer lugar de la fórmula presidencial: el resolver su situación judicial, la de sus seres queridos y la de sus seres no tan queridos.

 

 

Si bien ha resultado ser capaz de remodelar el gobierno formalmente encabezado por el hombre que eligió, a pesar de todos sus esfuerzos, aún no ha podido reformar la Justicia.

 

Pese a sus pifias y desfallecimientos el frente de Juntos por el Cambio no es un rejuntado de perdedores que hace todo lo posible para mantenerse a flote en medio de un tembladeral. El hecho de que haya sido derrotado en los comicios presidenciales de octubre de 2019 no lo convirtió en un actor de reparto de segunda categoría. Aunque debió abandonar la Casa Rosada y regresar al llano, se mantuvo unido, más allá de las inocultables diferencias que laten en su seno.

 

Cristina deberá estar pensando con la renuncia de la ex ministra Losardo, “se hizo justicia”. Losardo y Alberto pensarán que fue “injusto” que se deba ir “agobiada”. Pero el poder es el poder. Qué es “lo justo” lo juzgará cada un@. El punto es qué confluencia de factores hace que se vaya una persona íntima y fiel del presidente. La respuesta más simplista es que Ella presiona según sus intereses hasta que El cede. Pero la trastienda es bastante más compleja.

 

 

En la fricción entre la sociedad de consumo, que ofrece bienes, y la condición de pobre, impotente para demandarlos, fermenta el odio

 

 

Es muy extraña la forma en la que la historia parece desafiar en la Argentina el previsible derrotero involutivo anunciado por Marx, la tragedia repetida como miserable farsa. Acá abundan los loteos, relatos, retazos de relatos, encolados de segunda mano, remakes con guión invertido, desvirtuaciones institucionales puestas en valor. Todo parece volver -los dislates casi siempre tienen algún precedente- pero la lógica de la serie, si la hay, nunca es nítida.

 

 

La vicepresidenta se siente dueña de las circunstancias y con el poder en sus manos, mientras los de abajo obedecen sus órdenes

 

Apenas un año y medio después de haber ganado las elecciones el gobierno sufre un desgaste sin precedentes. Las encuestas muestran una mayoritaria desaprobación del desempeño del presidente y un pesimismo extendido sobre el futuro. Que cerca del 60% de los consultados no crea probable la recuperación de la economía es una pésima noticia para un gobierno con elecciones a la vuelta de la esquina.

 

Decenas de militantes K son vacunados sin integrar grupos de riesgo y sin respetar el orden, mientras miles de mayores de 80 hacen fila a la espera de sus dosis. El plan de vacunación como doloroso ejemplo de la vigencia de una cultura de privilegiados y postergados.

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