Opinión

Lo que hoy se le enseña a los chicos en la mayoría de las escuelas, públicas y privadas, es resentimiento y envidia

 

Al dirigirse a la sociedad que está convencida de apoyarlo, el Presidente ratifica esta realidad de una sociedad dividida.

 

Que los hay, los hay. Los macristas ven fantasmas “golpistas” (civiles) ocultos en distintos rincones de la vida económica y política. Según ellos se está preparado una ofensiva activa y comunicacional destinada a destruir, gastar, o esmerilar institucionalmente al Gobierno. Mauricio Macri sería el chivo emisario definitivo de gran parte de los males de la Argentina.

 

No hay dudas de que el plan para derrocar a Macri sigue su curso. No lo digo yo: lo dijeron los protagonistas de la conspiración que prometieron trabajar noche y día para hacer que a este gobierno le vaya mal y para destituirlo.

 

El presidente Mauricio Macri intentó posicionarse para retomar la iniciativa política en un año electoral durante el discurso que brindó en el Congreso de la Nación para inaugurar las sesiones ordinarias. El mandatario optó por un mensaje contundente y con una dureza poco habitual a la hora de revisar la situación en la cual recibió el país y de mencionar los logros de la gestión.

 

El Gobierno nacional tuvo en la segunda quincena de febrero su momento político más difícil y la evidencia de ello fueron las mismas declaraciones del oficialismo.

 

Los sindicatos docentes están celebrando el fin de las vacaciones de verano con las ya tradicionales andanadas de anuncios belicosos con los cuales suelen anticipar el comienzo del año lectivo.

 

La dicotomía “amigo-enemigo” ha sido considerada tradicionalmente como uno de los rasgos característicos del discurso populista.

 

Muchas voces públicas se preguntan hoy por qué el gobierno comete errores. Pero gobernar implica equivocarse, y frecuentemente. La pregunta importante es otra: ¿qué debe hacer un gobierno democrático cuando se equivoca? ¿Persistir en el error, o admitirlo y corregirlo?

 

La orden de Sergio Massa de tratar a Macri como un clon de De la Rúa insinúa que los peronistas quieren reeditar lo de fines de 2001.

 

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