Opinión

 

 

La Argentina se está quedando sin vacunas. La ministra de salud admitió que no tiene idea de cuando van a llegar más remesas. Se hizo un anuncio con bombos y platillos, bien al estilo kirchnerista, sobre la llegada de tres millones de dosis de la vacuna china Sinovac pero luego se dijo que no había fecha de ingreso.

 

 

 

Juan Domingo Perón, Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Néstor Kirchner -para nombrar a los presidentes más representativos del último medio siglo- imponían respeto con su sola presencia. Más allá de las simpatías o antipatías que generasen y de los amores u odios que concitasen por efecto de sus decisiones políticas, sabían mandar.

 

 

El menú de improperios, descalificaciones y burlas que los kirchneristas descargan a diario sobre la figura de Mauricio Macri -desde el supuesto apego a la vagancia hasta una presunta incapacidad para hacer política- en realidad son piezas accesorias del cargo mayor, que es neutrónico. Repiten que Macri destruyó el país.

 

 

El “activismo” kirchnerista ha evidenciado con creces su perfecta futilidad conceptual, mientras utiliza a la “masa” para consolidar una aventura hegemónica que nos está hundiendo – cuanto menos-, en la irrelevancia.

 

 

Luego del bochornoso incidente de Lago Puelo, donde el Presidente fue víctima de una violenta protesta que culminó con los vidrios rotos del vehículo que lo transportaba junto a su comitiva, aparecieron rápidamente a través de las redes sociales las muestras de solidaridad de parte de las principales figuras de la oposición encabezados por el expresidente Mauricio Macri. Gestos que tuvieron algunas consecuencias en el espacio opositor.

 

La situación en el sur argentino es alarmante. Si no se hace algo a tiempo los malones de intrusos tomarán un impulso nunca antes visto desde que Roca concluyó la Campaña de Desierto.

 

 

Las primarias se deberían llevar a cabo el domingo 8 de agosto, pero el contexto imprevisible generado por el coronavirus tiene el potencial de afectar el calendario y las reglas electorales.

 

El peronismo tenía en sus orígenes una lógica redistribucionista, hoy la única lógica que tiene es la subsidiadora.

 

Una vez más, la diplomacia gubernamental ha optado por privilegiar sus preferencias ideológicas y por anteponer sus gustos personales por encima de los intereses permanentes del Estado Argentino

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