Opinión

 

 

Alberto Fernández dio en el Congreso el discurso de un canalla. Sólo un canalla puede mentirle en la cara al pueblo como lo hizo el presidente. Solo un canalla puede decir que persigue la unidad cuando lo único que hace es alentar un discurso de odio, divisor y de persecución a todos los que no conformen la banda presidida por su jefa.

 

 

Más allá de la retórica de ocasión, el mensaje presidencial al Congreso tuvo dos objetivos: anunciar la postergación sin fecha de un acuerdo por la deuda con el FMI y lanzar una virtual intervención del Poder Judicial para aliviar la situación de los procesados por corrupción de los gobiernos “K”.

 

 

Desde diciembre de 2019, una política exterior tercermundista ha llevado a la Argentina a alejarse de sus vecinos de la región, suspendiendo o ralentizando la integración con sus socios del Mercosur

 

 

La Halcona, El Ángel Exterminador, Geniol, La Chica de Flores y el Personaje de Wilde

 

 

 

¿Qué demonios de peronismo fue el menemismo? ¿Una anomalía, un error?

 

La casta política es peor aún que la clase política. En primer lugar, busca la impunidad y luego exige sus privilegios por pertenecer. Lawfare y vacunagate son sus cartas de presentación.

 

 

El escándalo reveló que el problema del Gobierno no es la comunicación, sino el modelo de liderazgo.

 

Era un hombre enlutado, parco y diminuto, nada gregario, y concentrado día y noche en su magnífico arte, que consistía en escribir desmesuras sentimentales y truculentas intrigas de folletín para distintas radionovelas populares. Un artista genial, aunque de brocha gorda, que mantenía en vilo a su multitudinaria audiencia con sus ficciones desaforadas. Se llamaba Pedro Camacho y el joven Vargas Llosa lo apodaba "el escribidor".

 

 

"Un hombre que carece de normas morales y hoy hace lo que ayer    
criticaba, no puede nunca representar lealmente a sus conciudadanos".
   
- José de San Martín

 

El presidente habló de más y recurrió a las peores adjetivaciones. Osciló entre el ridículo y la infamia. La imputación más benigna es la del ridículo, pero hay mucho de infame cuando en pandemia se discurre a favor de la viveza criolla. Ginés se fue y se fue no por una intriga de la oposición sino por una intriga interna, intriga que como efecto no querido ponía en evidencia uno de los episodios más desvergonzados e infames de la política criolla.

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