Opinión

 

Cuando entre nosotros se planteó la discusión acerca de cuál de las vacunas autorizadas era la mejor y, como es usual, hubo legión de expertos indocumentados en la materia, nos permitimos decir que, si había un problema -que ciertamente existía- el mismo tenía menos que ver con la confiabilidad de la Pfizer, la Sputnik o la Johnson -para mencionar tan sólo a tres de las más conocidas- que con la proverbial ineficiencia del Estado argentino.

 

 

Sin vacunas ni hoja de ruta para conseguirlas, sin caja para hacer populismo (la emisión no cesa y se acelera el ritmo de la inflación) y con el tipo de cambio atrasado a pesar de que muchas monedas de la región, como el real, se devalúan (el Banco Central no acumula reservas: las usa para contener artificialmente el dólar), el Gobierno agrava su dinámica autodestructiva que por las infinitas internas y por una radicalización que lo aísla aún más del mundo presagia, como en 2009 y en 2013, un magro resultado electoral.

 

 

Como nuestro futuro inmediato dependerá de las actitudes que adopte nuestra Vicepresidente de aquí en más respecto de una crisis que ya tiene color, olor y forma bien definida, creemos necesario analizar nuevamente el espíritu que anima a quien evidencia tener una imaginación puesta al servicio de sus pasiones:

 


El 24 de marzo fue conmemorado por el kirchnerismo con varios episodios que se ajustan al nombre que le pusieron a esa fecha: “Día de la Memoria”. Porque nos permite recordar quiénes son.

 

El de Formosa no es un caso único en la Argentina ni en América Latina. No es el primero ni será el último. Nos acostumbramos a llamarlos “feudos”, y en el fondo eso es correcto: hay un monarca llamado gobernador y unos súbditos llamados ciudadanos, pero no es la ley la que reina, su impersonalidad, su universalidad. El “feudo” se basa en relaciones serviles y personales: protección a cambio de lealtad, favores a cambio de obediencia, prebendas para el devoto y ostracismo para el hereje.

 

Entre las crisis catastróficas y la sobreexcitación que producen las burbujas económicas ahora sabemos que no existe solo la ansiada y nunca alcanzada “normalidad”. También puede darse un período de atonía, de crisis en cómodas cuotas, de decadencia lenta pero tremendamente dañina. Todavía pensando que un estallido como el 2001 es brutal y que debemos evitarlo a toda costa.

 

No hay dudas que el nivel de deterioro y decadencia persistente que padece la Argentina se tiene que deber a algo mucho más profundo que a un simple encadenamiento de elecciones económicas equivocadas.

 

El presidente Alberto Fernández ha elegido colocarse a sí mismo en la posición de abogado de los regímenes no democráticos de la región

 

Hace 45 años, el golpe de Estado y la dictadura de Videla fueron recibidos con entusiasmo por la guerrilla en su lucha por la revolución socialista. La trastienda y la estrategia de las guerrillas en la antesala del 24 de marzo de 1976

 

 

Dice el historiador francés Pierre Nora: "La memoria depende en gran parte de lo mágico y solo acepta las informaciones que le convienen. La historia, por el contrario, es una operación puramente intelectual, laica, que exige un análisis y un discurso críticos".

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