Opinión

 

Lo que pasó ayer en Washington D.C., cuando el presidente Donald Trump alentó tácitamente a sus seguidores a tomar las calles para revertir los resultados de las elecciones de noviembre de 2020 antes de dar marcha atrás y pedirles que se vuelvan a sus casas, fue un ejemplo clásico de un intento de "autogolpe" latinoamericano.

 

 

El presidente Alberto Fernández mandó al periodismo nativo al terapeuta. No hizo distinción entre psicología y psiquiatría. Dijo: “Hay un periodismo alocado que necesita terapeutas para sacarse el odio que cargan encima”.

 

 

La postura de la Argentina implica un desconocimiento y una negación de las gravísimas violaciones de los derechos humanos que tienen lugar en Venezuela


 

A la oposición esta Cristina "superstar" le sirve para castigar a Alberto Fernández, mostrándolo como un títere, y dentro del Gobierno, unos la usan para justificar lo difícil que es gobernar con ella detrás.

 

 

Ha comenzado el intento del kirchnerismo “cristinista” para lograr que un Máximo (“mínimo”) con un curriculum vidrioso, escale a la presidencia del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, para librar desde allí la madre de las batallas en las elecciones de 2021.

 

 

 

Al margen de las consecuencias sanitarias, la expansión del virus y las medidas para contenerlo generaron efectos políticos significativos, especialmente en los sistemas democráticos.


 

 

La política y economía dependen de las expectativas y ambas no pueden no ser otra cosa que subjetivas porque siempre son en relación a un punto de comparación.

 

 

 

Hubo un tiempo en que la señora Cristina hablaba desde la tribuna y el atril y se suponía que el país entero se detenía extasiado a escucharla. Hubo un tiempo en que la Señora bailaba en los escenarios, mientras en otras ciudades la policía apaleaba trabajadores. Ahora parecería que ese pasado, algo tropical, algo caribeño, se confunde cada vez más con leyendas o con pesadillas cargadas de brumas y sombras. La Señora ahora no habla, o no habla tanto, pero, como madame du Deffand o la marquesa de Merteuil o, por qué no, alguna sugestiva heroína de Manuel Puig escribe cartas.

 

 

 

La dinámica de la grieta fortalece a los duros y centrifuga a los moderados.

 

 

 

La grieta no es sólo un juego dialéctico virtual en medios de comunicación y redes sociales sin consecuencias en el mundo real.

 

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