Opinión

"A la norma de 'no resistir el mal por la fuerza', el político responde que la proposición inversa es la correcta: 'el mal debe ser resistido por la fuerza, o seremos responsables por su victoria'".  -Max Weber

 

En un mundo en el que las limitaciones del sistema democrático generan fuertes reacciones ciudadanas, Cambiemos debe transmitir el mensaje de que las alianzas políticas pueden ser eficaces en el gobierno de la república

 

La grave crisis política que atraviesa Venezuela y la incapacidad del sistema institucional para procesarla, ponen al descubierto, una vez más, los fallos del sistema presidencialista.

 

Nuestro sistema federal necesita cambios que no se relacionan con el origen que pueda tener un mandatario. Nuestra historia nacional lo prueba.

 

El Gobierno necesita gobernabilidad y soluciones para los viejos problemas del país. Se acerca a un momento crucial.

 

Hay indicios que hacen dudar si aprovechamos esta oportunidad.

 

No sé si la anécdota es verídica, pero muy bien puede llegar a serla.

 

Inusuales miradas conviven en el gobierno, repartidas entre análisis de mesas chicas, o muy chicas, y observadores del propio poder que suelen tomarse un par de minutos para reflexionar, antes de responder.

 

Tras once meses de gestión de la presidencia  de Mauricio Macri en  el país se va configurando una plataforma de gobernabilidad compartida, tejida con acuerdos y conflictos explícitos y también con conflictos y acuerdos tácitos: leyes aprobadas de conjunto (ahora, nada menos que el presupuesto), negociaciones, tironeos, leyes aprobadas y vetadas, paros gremiales votados pero no ejecutados…

 

La pregunta a formularse es: ¿por qué la gente vota populismo? ¿Por qué durante décadas sigue votando un populismo u otro?

 

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