Opinión

Donald Trump convirtió lo que se suponía sería una Cumbre entre él y Javier Milei para reconfirmar su alianza estratégica, en una bizarra conferencia de prensa donde se presentó como el jefe de campaña electoral de Milei advirtiéndonos a todos los argentinos que, si no lo votamos, nos quitará hasta el saludo.

La ayuda del amigo americano no alcanzó para calmar los mercados. Crecen las tensiones internas.

Inquietante diagnóstico en la Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa; amenazas sin precedentes a la libertad de expresión.

Vivimos atrapados en dos simetrías falsas. Falsas como resultado de apropiaciones voluntarias e involuntarias de significantes metonímicamente transferidos al término kirchnerismo.

“Porque veo, al final de mi rudo camino, que yo fui el arquitecto de mi propio destino”.

 Amado Nervo

En el libro así titulado, Willy Kohan nos describió con precisión quirúrgica y hoy, ante las reacciones que produjo el monumental e inédito respaldo que recibió la Argentina de los Estados Unidos, pésimamente comunicado por nuestro Gobierno, esos textos recuperan actualidad. 

Nuestra política exterior no puede estar sujeta a los caprichos personales de nuestro presidente.

En Washington advierten que no hay ayuda que sea eficaz si Milei no aporta un marco de estabilidad y consistencia política; más allá de las elecciones en ciernes, ya se registra dentro del gobierno una lucha despiadada por el control de las palancas del poder.

Sonríe la dama y sospecha que Kicillof ya debe haber perdido la alegría por la última victoria electoral: construyó sin darse cuenta un cerco a su alrededor con legisladores y concejales que fueron provistos por ella y la batuta de Sergio Massa, con quien ambos están obligados a negociar.

La mirada estuvo bifurcada entre las noticias que llegaban desde Washington y la agenda a largo plazo que se planteó en los debates del encuentro. 

Aun en el supuesto caso de que Paul Krugman llevara razón, y el inusitado apoyo financiero norteamericano a la Argentina sólo tuviese por propósito hacer ricos a algunos amigos del secretario del Tesoro de ese país, ello nada quitaría al efecto que obró.

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