Opinión

En términos políticos, la derrota del Presidente es categórica. Trece puntos abajo en la provincia más populosa es una tragedia para cualquier oficialismo

Pasa el tiempo, cambian los gobiernos y sus disposiciones, y la Argentina sigue padeciendo características genéticas que desencadenan una suerte de conducta “endogámica” (si se nos permite la extensión de su significado).

El Gobierno está amenazado por el frente económico y el político. Cualquiera de sus movimientos puede empeorar su situación y acercarlo a un jaque mate final que no desean ni quienes votaron en su contra el domingo.

Buena parte del voto de Milei migró hacia la abstención; el deterioro de las expectativas; ¿las encuestas pueden fallar de nuevo en las elecciones nacionales?; el mercado cambiario puede precipitar decisiones; qué significa Kicillof.

La derrota de LLA tuvo una dimensión que impide menospreciar el mensaje de las urnas y abre una discusión sobre el optimismo libertario frente al 26 de octubre

Axel Kicillof validó toda su estrategia política. Milei frente a una encerrona política y económica como la de Alberto antes que asuma Massa.

Los ciudadanos de la provincia de Buenos Aires votaron a favor del peronismo, sí, pero quizá en mayor medida votaron en contra del gobierno nacional. Aunque la última palabra la tendrá la elección nacional de octubre, para la cual Javier y Karina Milei deberán replantearse la pésima campaña que están haciendo en todo el país. Mientras que el gobierno nacional deberá replantearse casi todo lo que está haciendo en gestión.

Los resultados electorales vienen mostrando un porcentaje mayoritario que rechaza este modelo. Otros gobiernos cambiarían el rumbo. Milei no lo hará.

De aquí a octubre habrá que ver el Gobierno logra revertir un resultado electoral tan lacerante

Durante este año y medio mantener la honestidad intelectual ha sido tan fácil como preservar la castidad en un prostíbulo. En vísperas de una elección trascendente –era municipal pero las “fuerzas del cielo” la han transformado en un plebiscito de vida o muerte- el problema se extrema: los sensatos de a pie, los republicanos de verdad están acorralados y con temor a un “día después” potencialmente dañino para la economía. E intuyen que la única esperanza para un gobierno que llega debilitado por sus propias soberbias e impericias y su agresiva estupidez, consiste en que el miedo al kirchnerismo despierte al decaído y vacune al engripado.

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