Opinión
Cristina Kirchner baila y Javier Milei canta. produciendo ambos una profunda sensación de irrealidad al ofrecerle sus espectáculos bizarros a un pueblo que no puede cantar ni bailar por responsabilidad de los que sí pueden seguir cantando y bailando.
La Casa Blanca acaba de darle a la Argentina un respaldo histórico que todavía sorprende al establishment político y económico, pero considera decisivo que la administración libertaria pueda llegar a acuerdos con una parte de la oposición.
El Presidente vuelve a cantar “Panic Show” de La Renga y otros himnos que conocemos de memoria. Sin embargo, eso ya no suena igual a cuando había una parte de la sociedad con alguna esperanza.
Para el gobierno de Donald Trump la estrategia económica de Milei no es lo importante, siempre se puede corregir, sino el alineamiento de Argentina con Estados Unidos y el desalineamiento comercial con China. “Esto no es un rescate, es comprar barato”, dijo Bessent.
Una de nuestras patéticas incógnitas nacionales se expresa en el hecho reiterativo y tenaz gracias al cual cada elección se parece a una encrucijada o a la madre de todas las batallas en las cuales pareciera jugarse el destino de la patria. La que nos aguarda el próximo 27 de octubre no es la excepción.
“Tanto los optimistas como los pesimistas contribuyen a la sociedad; el optimista inventa el avión, y el pesimista el paracaídas”. George Bernard Shaw
Según se sabe, el pasado viernes un Espert depresivo y resignado ingresó a la residencia de Olivos para conversar con el presidente Milei. Dicen que en el bolsillo llevaba la renuncia. Y una hora después dicen que lo vieron salir arrogante, optimista y soberbio.
Pocas veces, si acaso alguna, se había visto en estas playas a un gobierno que lucía robusto y todos imaginaban invencible o poco menos ,en términos electorales, desmoronarse de un día para otro producto de la derrota que sufriera en unos comicios legislativos de alcance provincial.
Con ese tono de voz que a veces se asimila al de John Wayne; otras, al de un empresario colérico y de vez en cuando al de un gangster salido del cine de John Huston, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prometió desde el máximo estrado de la ONU que respaldará al presidente Milei en todo lo que haga falta, y hasta se permitió vaticinar que ese apoyo incluye el de su reelección, aunque con respecto a este punto habría que preguntarse si Trump sabe que en las elecciones del mes que viene lo que se disputa son cargos legislativos, y si sabe con precisión que la capital de Argentina es Buenos Aires y no Río de Janeiro.
Ya pasó el tiempo de la comodidad de los despachos, de utilizar la representación del país en el exterior como una zona de confort.
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El eventual deseo del Presidente de pasar al panteón de los próceres históricos algún día, lo lleva a mezclar este sentimiento con expresiones explosivas de su parte, que comienzan a ser rechazadas por una sociedad castigada por años de fracasos sostenidos por discursos políticos altisonantes.
Qué significa el anuncio del secretario del Tesoro Bessent; un alivio al problema de la deuda y, en lo inmediato, a la gran corrida cambiaria; Milei en el mapa del presidente de Estados Unidos. La historia tiene episodios que comparten un formato parecido. Al tenerlo, hechos del pasado ayudan a entender dimensiones y proporciones de importancia del presente.
Nadie los votó para que mueran con las botas puestas - Por Jorge Fernández Díaz
Escrito por Jorge Fernández Díaz
El grito de guerra –vamos a vender hasta el último dólar– hace acordar a la trágica altanería del general George Armstrong Custer, a punto de librar y perder la legendaria batalla de Little Bighorn y dispuesto a disparar hasta la última bala antes de rendirse o perecer. La película sobre ese histórico combate que ganaron los sioux y no los soldados del Séptimo Regimiento de Caballería romantizaba un poco al general Custer –al menos lo salvaba de su arrogancia– y se llamaba significativamente “Murieron con las botas puestas”. Se lo recuerda no como un acto heroico, sino como un pecado de temeridad y como una estrategia suicida.
“Todo el mundo tiene derecho a sus propias opiniones, pero no a sus propios hechos”.
- Daniel Patrick Moynihan

