Opinión

Para evitar la soledad en que se está quedando, Milei debió ser lo único que debería y podía haber sido: un "primus inter pares" que fortaleciera a sus aliados (única manera posible de fortalecerse a sí mismo) en vez de debilitarlos como lo intentó con todos.

La semana posterior a las elecciones expuso fallas de conducción, desgaste económico y divisiones internas.

Un doble fantasma recorre la Argentina: la presunción de que el gobierno de Javier Milei esté atravesando un ciclo descendente inmodificable y que, además de representar un nuevo fracaso social compartido, se suma el agravante de no existir una alternativa de reemplazo.

Javier Milei deberá persuadirse de que no resulta políticamente conveniente la batalla que libra contra la universidad, los médicos del Garrahan, los discapacitados y los jubilados.

No es fácil eliminar la corrupción, no es fácil eliminar las tentaciones del poder y su acrecentamiento. Se trata de la naturaleza humana. Pero sí se puede concluir con la impunidad, como, por ejemplo, la que quieren comprar los empresarios imputados en la causa "Cuadernos de Centeno", evitando se juzgados a cambio de entregar dólares. Todo un despropósito.

Para sobrevivir en el poder, Milei tendrá que reconciliarse con los muchos que entienden que es necesario que la Argentina se acostumbre a vivir dentro de sus medios reales pero son reacios a apoyar a un personaje tan atrabiliario y despótico como él.

Los 181 votos que reunió el rechazo contra el veto hacia la Ley de emergencia pediátrica expuso la pérdida del apoyo político que sufrió el oficialismo a lo largo de un año

“No creo que este gobierno llegue al 26 de octubre. Tengo muchas dudas porque creo que ya no da para más y ya le han soltado la mano todos”, dijo días atrás la senadora de Unión por la Patria de Tucumán, Sandra Mendoza. Sus palabras recibieron el repudio de gran parte de la política argentina, periodistas y dirigentes sociales. El oficialismo aprovechó la situación para denunciar un “golpe suave” y responsabilizó al kirchnerismo. Estamos a solo semanas de la elección nacional de medio término y hay dirigentes que se atragantan con la desesperación de recuperar el poder y otros, en el gobierno, aprovechan el momento para victimizarse ante el supuesto “kirchnerismo golpista”.

La confianza es el crédito del que disfrutan los liderazgos que inspiran expectativas positivas; la relación de Javier Milei con una parte de la sociedad comenzó a emitir señales en sentido contrario.

Aun cuando en público los Milei aparentan no haber sentido el golpazo en carne propia que sufrieron en los comicios que acaban de substanciarse en la provincia de Buenos Aires, la procesión va por dentro.

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