Opinión
Para evitar la soledad en que se está quedando, Milei debió ser lo único que debería y podía haber sido: un "primus inter pares" que fortaleciera a sus aliados (única manera posible de fortalecerse a sí mismo) en vez de debilitarlos como lo intentó con todos.
La semana posterior a las elecciones expuso fallas de conducción, desgaste económico y divisiones internas.
Un doble fantasma recorre la Argentina: la presunción de que el gobierno de Javier Milei esté atravesando un ciclo descendente inmodificable y que, además de representar un nuevo fracaso social compartido, se suma el agravante de no existir una alternativa de reemplazo.
Javier Milei deberá persuadirse de que no resulta políticamente conveniente la batalla que libra contra la universidad, los médicos del Garrahan, los discapacitados y los jubilados.
No es fácil eliminar la corrupción, no es fácil eliminar las tentaciones del poder y su acrecentamiento. Se trata de la naturaleza humana. Pero sí se puede concluir con la impunidad, como, por ejemplo, la que quieren comprar los empresarios imputados en la causa "Cuadernos de Centeno", evitando se juzgados a cambio de entregar dólares. Todo un despropósito.
Para sobrevivir en el poder, Milei tendrá que reconciliarse con los muchos que entienden que es necesario que la Argentina se acostumbre a vivir dentro de sus medios reales pero son reacios a apoyar a un personaje tan atrabiliario y despótico como él.
Los 181 votos que reunió el rechazo contra el veto hacia la Ley de emergencia pediátrica expuso la pérdida del apoyo político que sufrió el oficialismo a lo largo de un año
Honrar la democracia es desterrar los intentos populistas o autocráticos - Por Daniel Santa Cruz
Daniel Santa Cruz
“No creo que este gobierno llegue al 26 de octubre. Tengo muchas dudas porque creo que ya no da para más y ya le han soltado la mano todos”, dijo días atrás la senadora de Unión por la Patria de Tucumán, Sandra Mendoza. Sus palabras recibieron el repudio de gran parte de la política argentina, periodistas y dirigentes sociales. El oficialismo aprovechó la situación para denunciar un “golpe suave” y responsabilizó al kirchnerismo. Estamos a solo semanas de la elección nacional de medio término y hay dirigentes que se atragantan con la desesperación de recuperar el poder y otros, en el gobierno, aprovechan el momento para victimizarse ante el supuesto “kirchnerismo golpista”.
La confianza es el crédito del que disfrutan los liderazgos que inspiran expectativas positivas; la relación de Javier Milei con una parte de la sociedad comenzó a emitir señales en sentido contrario.
Aun cuando en público los Milei aparentan no haber sentido el golpazo en carne propia que sufrieron en los comicios que acaban de substanciarse en la provincia de Buenos Aires, la procesión va por dentro.
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La primera frase que recuerdo del discurso del presidente emitido por cadena nacional el pasado lunes es: “Lo peor ya pasó”, una manera si se quiere astuta de sugerir de que hemos estado transitando por las orillas del infierno y ahora nos aguarda un futuro dichoso.
Como un hábil político, Javier Milei logró hablarle a la cima y a la base de la pirámide al mismo tiempo. Ratificó el equilibrio fiscal como "ley tallada en piedra de su gestión" y anunció aumentos por encima de la inflación en universidades, discapacidad y jubilaciones.
El kirchnerismo es una suerte de fentanilo contaminado - Por Carlos Berro Madero
Carlos Berro Madero
La unión de la política y los negocios, propiciando el debilitamiento de los sistemas de seguridad que protegen al individuo dentro de una sociedad y la renuncia a cualquier planificación virtuosa a largo plazo, fueron las bases sobre las que asentó el kirchnerismo su poder.
Un discurso para recuperar la confianza; el Gobierno de nuevo entre “normales”; anatomía del voto al CIAS; los cambios de LLA y el PJ; la suba del dólar y los temores del mercado.

