Política

Si la oposición tiene la intención de implementar un plan de estabilización y lo presenta ahora, correría el riesgo de desgastarse. Y el ala moderada del Gobierno se ha quedado sin alternativas y sin credibilidad para implementar un plan. El kirchnerismo, por su parte, entiende que los votos se ganan con consumo. 

Tras dos décadas como gran ordenador de la política nacional y de haber construido la hegemonía más extensa luego de la de Perón, el kirchnerismo se debate entre el ocaso tangible y la reinvención inasible. 

Va contra aquellos que no lo reconocen y que lo extraditaron como a "Pepín", una nómina de indeseables para él. Quiere preservar en forma pareja el título de la agrupación opositora, no perder la identidad de dos conceptos, que "Juntos" o la prioridad de estar unidos no signifique sacrificar la idea del "Cambio". 

En las últimas horas los dirigentes de la UCR terminaron de negociar y lograron convencer a los Manes de que no es conveniente mandarle un mensaje duro al PRO en las deliberaciones de la Convención Nacional de hoy. Es la primera vez que serán puntuales porque en el teatro toca Toquinho a las 21. 

Una encuesta que ubica a la fuerza de Milei a pocos puntos del Frente de Todos encendió todo tipo de conjeturas 

La salida de Roberto Feletti resalta que lo importante es la lucha contra la inflación, el máximo desafío del Presidente; sigue la manipulación de la Justicia 

En 2010, Mario Vargas Llosa renunció enojado a la titularidad de la comisión encargada de establecer el Lugar de la Memoria del Perú ante el presidente Alan García, rival político suyo, quien lo había designado. Como García decidió decretar una amnistía, Vargas Llosa lo acusó, con diversas consideraciones, de buscar votos “entre los herederos de un régimen autoritario que sumió al Perú en el oprobio de la corrupción y el crimen y siguen conspirando para resucitar semejante abyección”. Por su prosa no sería extraño que esta renuncia figure en alguna edición de las obras completas del Premio Nobel de Literatura. 

Hace 511 años, Erasmo de Rotterdam publicaba su Elogio de la locura sin prever su éxito inmediato ni que sería un clásico. Mucho menos podría haber imaginado que su sátira tuviera actualizaciones apócrifas en la Argentina actual. Aunque la versión local debería llamarse Elogio de la impotencia. 

El Gobierno luce en general confundido. Las confusiones de Fernández y un inevitable pasaporte al pasado, pero tiene bien en claro que la gente está enojada e inmersa en la frustración que le inspira el desencanto. Por eso, sólo atina a transmitir a diario que si las cosas no le salen mayormente bien es porque tiene que moverse en medio de una conjura destinada a debilitarlo.

Abandonado por su vice, Alberto Fernández enfrenta una crisis que combina superinflación con falta de dólares. Su anemia de poder es proporcional al pesimismo económico que genera. 

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