Política

Cuando se sufre 2% de suba semanal en los alimentos como ocurre ahora –en estos últimos quince días del mes– la única alternativa del Gobierno es declarar la guerra a la inflación. Aunque no alcance con el pronunciamiento ante la deprimente noticia de un índice, en ese rubro, superior al 8% mensual.

El Presidente lanzó y se apresta a iniciar la “guerra contra la inflación” con el mismo optimismo con el que Vladimir Putin decidió atacar a Ucrania 

Mientras los guerreros del gobierno la emprenden contra la inflación, a uno de ellos lo buscan como al soldado Ryan. No está en Ucrania. Para muchos, Máximo Kirchner es un desertor. 

Es un momento extraño para el Presidente. No para de cometer errores y sus incursiones públicas empiezan a mostrar el síntoma inconfundible de aquellos dirigentes que están apartados de la realidad. 

El Gobierno protagonizó una sucesión de desatinos justo en los días en que el Senado debe darle sanción definitiva al acuerdo con el Fondo

El discurso de Alberto Fernández es bastante más que otro mal paso en la comunicación. Busca dureza hacia la interna. Reparte culpas entre la herencia, la pandemia y la guerra desatada por la invasión de Rusia a Ucrania. Y vuelve a generar tensión en jefes del PJ tradicional 

Con el apoyo crucial de la oposición, el Presidente logró zafar del default, pero todo es incertidumbre en el Gobierno 

La novedad no es solamente el descontado modo "ajuste" en el que va a entrar formalmente la economía para cumplir con el Fondo Monetario Internacional (de hecho ya lo está, inflación mediante), sino que la gran noticia que emerge del entendimiento logrado con el organismo es que ahora, recién ahora, dos años y un par de meses después de haber llegado a la Casa Rosada y si el Senado le da finalmente vía libre, el gobierno de Alberto Fernández terminará de parir a las trompadas un Plan Económico más o menos acorde a la técnica presupuestaria, con estrategias, metas, proyecciones y auditorías que deberían permitir saber si se marcha por el camino adecuado. 

Su plan de ajuste fracturó al oficialismo y cohesionó a la oposición. Al rechazarlo los legisladores de Cristina Kirchner debilitaron a Fernández y generaron dudas sobre la gobernabilidad. 

Al viejo desamor hacia Alberto Fernández, la vicepresidenta le agregó ahora la decepción política frente a un mandatario que considera inepto, incapaz de conducir con cierto grado de eficiencia la administración nacional 

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