Política

El Gobierno fijó posición en torno del principal foco de tensión mundial. Planteó naturalmente la necesidad de una salida diplomática. Y buscó mostrar una postura de equilibrio. Pero resuena el mensaje de Alberto Fernández ante Putin. Nada que ver con el multilateralismo 

En los últimos días el kirchnerismo se mostró prolífico en eso de sumar enemigos retóricos 

El Gobierno suele quedar atrapado y sin resolver los problemas, pero lo que lo sostiene es la ilusión intacta de que el Presidente podría llegar sin romperse a las elecciones de 2023, e incluso más allá 

Fernández firmará con el FMI un acuerdo como el de Macri. La inflación que generó va camino a superar la de Macri y el oficialismo se desgaja. Nada detiene las causas por corrupción. 

El dato surgió como al pasar en una de las incontables reuniones que el Presidente ha mantenido con su equipo político para avanzar en los detalles y pormenores del proyecto que enviará al Congreso para convertir en ley el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. 

Un rumor confundió todo. La habladuría circuló entre dirigentes de La Cámpora y aseguraba que el Gobierno estaba haciendo pactos secretos con el Fondo Monetario. Se comprometía, aseguraban, a tomar decisiones “impopulares”, que los discípulos de Cristina Kirchner no estaban dispuestos a avalar. La versión se publicó en medios que acceden al parloteo de los camporistas.

Volátil como los mercados, Sergio Berni anunció primero que se alejaba del kirchnerismo. Como se siente heredero no deseado de Cristina, quien considera imperdonable un incidente físico que tuvo con su hijo Máximo, sostuvo el jefe de los policías: “Es hora de cortar el cordón umbilical”. Médico al fin para explicar sus acciones políticas.

Nadie rompe ni tiene incentivos para romper; tampoco para arriesgar demasiado con algún cambio; todo se vive en clave electoral o instinto de supervivencia 

Se agrega otro infiel al malón de candidatos, un renegado para la historieta: Sergio Massa. Alguien que aspira a lo que hace años pudo ser y no quiso, la gobernación de Buenos Aires. 

El oficialismo -y el país- ha ingresado en el jardín de senderos que se bifurcan. El inminente acuerdo con el FMI, cocinado finalmente cuando ya sonaban las alarmas, está jugando la función de parteaguas. Se trata -sobre la hora- de evitar el default y avanzar hacia un mejor relacionamiento con el mundo, asuntos prioritarios y decisivos. 

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