Política

El presidente Alberto Fernández regresara mañana a la Argentina tras su sonora gira por Rusia, China y Barbados. Según sus confidentes que lo esperan con las correspondientes carpetas para cuando se reintegre a su despacho de la Casa Rosada, dos son los temas centrales que ocuparán la cabeza del mandatario: prioridad uno, machacar sobre el preacuerdo con el Fondo Monetario Internacional para que sea aprobado por el Congreso. 

Mientras el presidente argentino finaliza su gira internacional que lo llevó a China, Rusia y Barbados, el mundo entero mira lo que está pasando en la exrepública soviética. 

El presidente Fernández cree que los líderes de los dos países más poderosos del mundo comparten su ideología. El problema del peronómetro y la mirada de patas cortas. 

La realidad que espera al Presidente a su regreso no es mejor, sino peor, que la que dejó a su partida 

El gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández es básicamente un conglomerado de adictos a la improvisación, al “vamos viendo”, una síntesis de las anti institucionalidad y constitucionalidad, un reverdecimiento de esa ideología estrafalaria denominada “la izquierda peronista”, como si el gobierno eminentemente fascista-de derecha del General Perón y su admiración a los íconos de la época (Mussolini-Hitler), hubiera tenido en su contexto ideológico, lugar para cooptar al socialismo, comunismo o sectores de la izquierda contemporánea, a la cual combatían radicalmente desde el “peronismo de base”.

El Presidente quebró un principio básico de las relaciones internacionales: los jefes de Estado no hablan mal de terceros países cuando viajan al exterior; mucho más si ese tercer país acaba de auxiliarlo 

La renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque oficialista es una bomba de tiempo para el Gobierno. La coalición opositora se reúne el jueves para definir qué hacer en el Congreso ante el acuerdo con el FMI. 

Semana de expectativas: hablará el Presidente luego de su rol de écuyere con dos de los grandes dueños del circo (Putin y Jinping) y, quizás, la misma Cristina, silenciada después que su hijo se apartó del Gobierno. A ella, sin duda, le costará contagiarse del entusiasmo personal que transmitirá Alberto, común a todos los mandatarios cuando regresan de un viaje.

Casi como al pasar, o sin el ruido que en verdad debería haber encerrado el concepto, el titular del Banco Central, Miguel Ángel Pesce, lanzó una consigna apenas después de que Alberto Fernández anunciara la semana pasada el inicio de un camino de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Mientras al mismo tiempo, en una jugada combinada que tal vez el Presidente nunca previó, preparaba sus valijas para la presentación en sociedad en Moscú y Beijing. 

Alberto Fernández suele mostrar una extraña habilidad para abrir nuevos frentes de problemas antes de cerrar ninguno 

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