Política

Clave será febrero para Alberto Fernández. A su juicio, la vuelta de su viaje por Rusia y China viene con respirador para oxigenar su gobierno y esa criatura propia que no termina de alumbrarse desde que llegó a la Presidencia: el "albertismo". 

La utilización de la pandemia para la confrontación política exhibe un nuevo gesto de indiferencia ante el dolor de la sociedad

Demasiado calor. Demasiados cortes de luz. Demasiado déficit fiscal. Demasiado dólar blue. Demasiadas idas y vuelta con el FMI. Demasiada inflación. Demasiados espías sueltos. Demasiadas diferencias en la oposición. Demasiados contagiados por COVID. Visto así, parecería más un país de abundancia que de escasez. Claro, abundancia de lo negativo, pero abundancia al fin. 

Le bastaron tan solo dos movimientos a la vicepresidenta para malograr los intentos del mandatario por cerrar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional 

¿Quiere la vicepresidenta un pacto con el FMI o prefiere la ruptura para quedar bien con la tertulia de su café literario? 

No todo lo que brilla es oro: el crecimiento económico como meta de la política kirchnerista quizás oculte un peligro 

¿La AFI de Arribas hacía algo legal? ¿A sus directivos les quedaba tiempo para cumplir con su deber? ¿Qué papel juega Angelici en Juntos por el Cambio? 

En el círculo del "fraude y la traición, estaría posicionado el Gobierno como mentor de un supuesto engaño hacia la opinión pública que haría descender al país mucho más todavía 

Para evitar los cortes de luz, que se repiten todos los veranos hace ya varios años, se requerirá de una mayor inversión y un reordenamiento del actual sistema energético. No hay ninguna posibilidad de que sea el clima lo que ayude. 

2022 recibió a Fernández con una lluvia de adversidades. Sin iniciativa, el presidente corre detrás de los problemas que no son resueltos, sino postergados y se desplazan unos a otros 

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