Política

Con su reconocida capacidad de ver muchas veces más allá que el promedio de los políticos, cualidad que sus devaneos histriónicos no afectaron, Lilita Carrió lo viene advirtiendo: es momento de sosegarse. En su advertencia más reciente Carrió se diferenció de los fanáticos, tomó clara distancia de ellos. Algo acuciante. El modo convencional de leer el tablero político según se trate de oficialistas o de opositores y de acuerdo con los posicionamientos de cada uno quizás no motive alarma, pero el acecho del fanatismo sí.

La gravedad de la crisis no tiene precedentes, pero deberá ser resuelta vía electoral por una sociedad que no cambia fácilmente de opinión sobre el populismo. No importa que la pobreza haya desbordado el 60% en los sectores más deteriorados, que la economía padezca una mezcla de estancamiento con destrucción de la moneda, la inversión y el empleo y que las instituciones se hayan debilitado a un nivel nunca visto desde el restablecimiento de la democracia.

Además de Martín Guzmán, la candidatura a Procurador de Daniel Rafecas agiganta la grieta entre el Presidente y la Vice.

Las acusaciones del jefe de Gabinete de Kicillof a los medios reflejan la comodidad de la chicana ante la dificultad de ofrecer respuestas fundadas sobre la pandemia; el hilo que lo une a los dichos de Zannini 

Ante la falta de vacunas, el kirchnerismo retoma su vieja receta de fabricar monstruos sociales a quienes culpar de su fracaso; esta vez, en la respuesta a la pandemia

La definición sobre el futuro del jefe de los fiscales pone al Presidente y a la Vicepresidenta en veredas opuestas

La política se mueve entre las bambalinas. Las dos coaliciones tienen conflictos internos en lo peor de las restricciones y mientras la gente ve naufragar sus negocios por el virus.

La mayoría de los votantes irá a votar con un ingreso menor al de octubre de 2019, cuando le otorgó al Frente de Todos, el mandato de mejorar su economía. Sin embargo, esto tampoco garantiza el voto para Juntos por el Cambio.

Entre enero y agosto de 2020 fueron asesinadas más de 2 mil personas en Venezuela en “operativos de seguridad”.

La situación es de tal gravedad que podría resumirse en un solo dato: Alberto Fernández había rechazado la semana pasada la posibilidad de volver a cerrar todo el país, salvo servicios esenciales, para frenar la imparable segunda ola de coronavirus. Fue el mismo presidente que apenas 72 horas después aceptó volver a la Fase 1, en una actitud que se veía venir y que terminó de cerrar tras el sombrío panorama que le plantearon los médicos sanitaristas e infectólogos que lo asesoran.

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