Política

Si el poder despierta virtudes, existe una que caracteriza al kirchnerismo y es su voluntad de no darse por rendido nunca. 

La "ley pandemia" pinta para inconstitucional. Es de apuro y sin consenso. Y encima, el cuarentenismo paranoico ya no tiene futuro.

El ex presidente quiere que Vidal sea candidata, pero el jefe de Gobierno la imagina en Capital Federal. Amenaza de interna y el factor Santilli

Pedro Sánchez, jefe del gobierno español, acaba de darle, queriendo o sin querer, una clase sobre el Estado de Derecho a Alberto Fernández. Sánchez contestaba una pregunta en clave interna española durante la conferencia de prensa conjunta con el presidente argentino.

El proyecto para cerrar escuelas que el peronismo quiere aprobar de manera meteórica en el Congreso tiene menos que ver con la salud pública y la educación que con la política. Santiago Cafiero pide a la oposición que no haga política con la pandemia, pero Alberto Fernández fue el primero que usó el Covid para sumar poder. Es difícil que el presidente y sus funcionarios hagan alguna declaración sin contradecirla simultáneamente o en el cortísimo plazo.

El dato figuró en aquellos iniciáticos preparativos de la gira del presidente Alberto Fernández por Europa hace al menos tres semanas. Que primero abarcaba cinco países, luego cuatro, la semana pasada solo dos y otra vez vuelta a cuatro citas oficiales con Portugal, cumplida entre el domingo y ayer, España, que transcurre hoy, Francia a partir de mañana, Italia que se desplegará durante el viernes, además de la visita al Estado Vaticano, ese mismo día por la tarde, para emprender por la noche el regreso a Buenos Aires.

Cada problema que enfrenta el Gobierno deja expuesto que desde el origen han escaseado las explicitaciones y sobran los malentendidos entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner

Confidentes del poder coincidían en que la tan mentada “foto de la unidad” que los principales socios fundadores del Frente de Todos compartieron a mitad de semana en Ensenada es más bien una pose necesaria para sellar -si no la paz definitiva hacia el interior de la coalición gobernante- al menos una tregua. Que a la vez suponga o muestre hacia afuera un gesto de comunión partidaria y política que al menos supere el recorrido de aquí a las elecciones de medio tiempo de octubre o noviembre.

Muchos amigos que tenía se fueron. Políticos que trabajaron con él toman distancia. Algunos funcionarios que llevó al Gobierno están incómodos, sobre todo porque no saben cuándo Cristina Kirchner, gerenta de Recursos Humanos del kirchnerismo, activará el despido. Alberto Fernández se ha convertido en un hombre desconocido para quienes lo frecuentaron.

La radicalización del Presidente y el avance de la visión del Instituto Patria puso en retirada a intendentes, gobernadores y sindicalistas no kirchneristas.

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