Política

Desde hace tres meses se reúnen todos los lunes Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa, Wado De Pedro, Gabriel Katopodis, Jorge Ferraresi y Fernando Espinoza para condicionar a la administración de Fernández en función de las necesidades electorales y la agenda de Cristina Kirchner.

 

Una concepción tan intervencionista como irracional, afín a las líneas trazadas desde el cristinismo, se ha apoderado del gobierno de Alberto Fernández

El mensaje destacó la necesidad de estar “más unidos que nunca”. Sin embargo, apuntó al jefe de gobierno porteño por judicializar y “debilitar” medidas anteriores. Y a los jefes provinciales, por falta de compromiso y controles. Además, ató la suerte del confinamiento casi exclusivamente a ellos. No incluyó autocrítica alguna

El clima social y económico marca un límite de apariencia infranqueable a las iniciativas más controvertidas que el Frente de Todos impulsa en el Congreso. Es lo que esta semana le impidió tratar en la Cámara de Diputados la reforma a la ley del Ministerio Público, rechazada por Juntos por el Cambio. Presionados por una opinión pública adversa a resolver temas fuera de sus prioridades, los bloques minoritarios que ofician de habituales aliados del oficialismo se vieron obligados a poner en pausa esa estrategia.

En su libro Dios, el mamboretá y la mosca, Thomas Moro Simpson reconstruye la peripecia de la Ley de Residencia, impulsada en 1902 por el Poder Ejecutivo y defendida por el entonces senador Miguel Cané, para expulsar del país a cualquier extranjero sospechoso de anarquismo. Alfredo Palacios fracasó en su intento por derogarla cuando llegó al Congreso, en 1904. Volvió a tratarse el 17 de julio de 1946.

Las reglas electorales en ocasiones pueden estimular resultados extraordinarios (un ejemplo lo dio el Frente para la Victoria en las legislativas de 2005 cuando casi duplicó el caudal de las singulares presidenciales de 2003, en las que el voto peronista se distribuyó en tres candidatos), pero los analistas prestan atención antes que nada a dos variables de la realidad: la situación económica y la unidad del peronismo.

La pandemia atraviesa el peor momento en la Argentina. Más de un año después la situación es peor en todos los sentidos. Pero pasará. Y cuando eso suceda el inventario de cómo quedará parado el país marcará el ritmo de los próximos años.

Ningún gobierno democrático debería vanagloriarse de dictar prohibiciones sobre derechos esenciales. Sin embargo, el presidente Alberto Fernández lo hizo de algún modo esta semana al señalar: “Me criticaron, me llevaron a la Corte y le hicieron decir a la Corte que lo que ellos querían… ¿Y quién tenía razón?”, en obvia alusión a los posibles anuncios de parte del gobierno porteño sobre nuevas restricciones para frenar el crecimiento de contagios que podrían incluir un sistema mixto de educación presencial y virtual.

Entre contagios e inflación, la vicepresidenta de la Nación avanza sobre la Justicia.

El Presidente reabre viejas disputas con la Justicia y con el sector agropecuario, en sintonía con las obsesiones de Cristina Kirchner

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