Política

La sorpresiva suspensión de clases, la apelación al Ejército, el choque con la Ciudad. Y las declaraciones. ¿No lo cuidan o no se deja ayudar?

Crece el impacto negativo de los anuncios de Alberto Fernández y entre gobernadores, sindicalistas e intendentes hay preocupación. Creen que va a pagar un costo político demasiado alto para un presidente que ha perdido fortaleza. Rodríguez Larreta, gran ganador.

Alberto Lugones sabía que el bloque oficialista en el Consejo de la Magistratura no iba a acompañar en la reunión de ayer su pedido para que la Corte suspenda la actividad del Poder Judicial con la excusa de las nuevas restricciones dispuestas ante el nuevo rebrote del Covid-19. Una novedad que debió sorprenderlo. La nota que el vicepresidente del Consejo presentó el lunes reflejó la estrategia de un sector del kirchnerismo para habilitar una ventana de tiempo que le permita a Cristina Fernández de Kirchner contar con mayor margen de maniobra en las causas más comprometedoras.

Fernández repitió a Fernández, pero, al cabo de un año, no es el mismo: ha sufrido en el campo sanitario una pérdida de autoridad incalculable y la contracara de esa pérdida es el temor a que se le desobedezca

Alberto Fernández decidió endureció las restricciones apenas una semana después de su anterior decreto. Trotta y Vizzotti quedaron expuestos por sostener la vigencia de las clases. Sólo Kicillof estaba al tanto. Y no Rodríguez Larreta, sorprendido especialmente con el cierre de colegios. Varios gobernadores señalan ya la necesidad de recursos para los sectores dañados

La situación sanitaria escala día a día sin que aparezcan horizontes de solución. En la primera ola hubo IFE y ATP, hoy ausentes. Tensión política

La legalidad y la ilegalidad van de la mano. Lo único que ha hecho la pandemia es mostrarlo con mayor claridad. Una vez más, se pone en juego hasta dónde el Estado es capaz de ser un alivio y no una carga. Son horas de definiciones que marcarán el rumbo de la salud y la economía que viene. Eso sí, en un contexto muy diferente al del año pasado donde la autoridad gubernamental está mancillada. Y ante una realidad que es objetivamente más grave, la dificultad para avanzar en medidas creíbles es inversamente proporcional a la necesidad de establecerlas.

Enojado por la falta de controles para impedir el aumento de los casos, el Presidente en el anuncio de hoy a la noche rompió la lógica de la consulta con Larreta y los gobernadores.

La compra de dólar a futuro fue una decisión política. ¿Buena? Depende de quién lo mire, aunque hubo empresarios (sin simpatías con el kirchnerismo) que la justificaron en su momento porque necesitaban tener cierta previsibilidad para la compra de insumos importados. ¿Mala? Probablemente, sobre todo porque el gobierno de Cristina Kirchner realizó contratos de venta de dólar a futuro con vigencia hasta seis meses después de la conclusión de su mandato, en diciembre de 2015. Hubo contratos que duraron hasta junio de 2016.

El Gobierno enfrenta una nueva ola de Covid con las mismas armas con las que fracasó el año pasado: encierro y transferencia de culpas a la sociedad y a la oposición. Tiene una sola marcha y ya está claro que no se le puede pedir más.

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