Política

El Gobierno evalúa si “cerrar todo por poco tiempo” para evitar un colapso sanitario, al tiempo que busca alternativas para “socializar” los costos políticos en este año electoral

 

El desafío de presentarse ante las cámaras de televisión sólo para dar malas noticias, y encima en medio de un proceso electoral incierto como el que se avecina, en el que la imparable segunda ola de Covid puede tener una influencia crucial para el oficialismo y la oposición no es un hecho menor.

En paralelo al reparto de bancas en el Congreso, las elecciones de este año transmitirán un mensaje que puede condicionar las actitudes de la Justicia, la dirigencia partidaria y los actores económicos

Por el aumento de contagios decretó el toque de queda. La oposición lo criticó, el Presidente reaccionó con insultos y Axel Kicillof, con un insólito discurso alarmista.

Guzmán resiste las presiones de Cristina, cada vez más enfrentada a Alberto Fernández.

“Dictador”, “imbécil”, “mala persona”, “miserable”, “barrabrava”. A cielo abierto, en público, por los micrófonos de los medios, por las redes sociales, la política, con el Presidente a la cabeza, se ha embarcado en un juego demasiado peligroso. Ante una sociedad agobiada por la acumulación de penurias palpables, incertidumbres recargadas y temores concretos la dirigencia dirime sus desacuerdos insultándose a los gritos. La negación de su esencia.

La revelación de Santiago Cafiero sorprendió a los gobernadores. El Gobierno busca compartir el costo político del fracaso.

 

El período de aislamiento que cumple por haber sido contacto estrecho de Alberto Fernández le impidió a Máximo Kirchner dialogar esta semana con el sector sindical de los denominados “Gordos”. Algo que podría ocurrir en la próxima si se confirma que el Presidente no lo contagió de Covid-19.

La investigadora estadounidense Gretchen Helmke creó el término "defección estratégica", para describir un tipo de comportamiento por el cual los jueces de la Argentina fallan en función no del poder que está, sino del que va a venir.

Al tiempo que las encuestas siguen sin favorecer a la coalición gobernante, el Presidente no acierta en su discurso político y suma señales de debilidad

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