Política

Profundizó la crisis económica con el mal manejo de la crisis sanitaria. Eso le produjo una crisis política que capitalizó su vice. Si mantiene el rumbo va hacia una crisis institucional.

Lo sacudió a Alberto Fernández dos veces: con el FMI y con Biden por Venezuela.

La claudicación del albertismo o la creciente capacidad de anticipación de los deseos de Cristina Kirchner es motivo de preocupación no solo en la Argentina

Se desploma la imagen del Presidente. Y la Vice ocupa el centro de la escena, en economía o estrategia electoral.

La vicepresidenta controla por acción directa de sus hombres o mediante discursos todas las áreas centrales del Gobierno

Marcó los tiempos del acuerdo, comanda la estrategia electoral y sólo le deja a Alberto liderar la lucha contra la pandemia.

 

Cristina Fernández de Kirchner tropieza con la dificultad de los gobiernos a mitad de sus mandatos. El agotamiento del tiempo propicio para gestionar reformas estructurales al funcionamiento institucional. Un déficit agravado por la situación en la que el Frente de Todos llega a las elecciones. Hay incertidumbre por el desenlace de la crisis sanitaria. De su evolución positiva depende que no se enfríe la tibia recuperación económica. Y de ella, el resultado que vaya a obtener en los comicios de octubre.

Funcionarios que presionan, jueces que obedecen, medios que crean clima, empresarios que financian: el kirchnerismo se está convirtiendo en una usina de su propio ardid para eludir las causas judiciales que lo sacuden

Mientras no hay certezas sobre cantidad de dosis ni plazos de entrega, lo que parece inmunizada es la inseguridad.

Unidad es la palabra de moda que se escucha con cada vez más frecuencia en los actores de la política argentina. La repitió esta semana varias veces Alberto Fernández cuando asumió formalmente la presidencia del Partido Justicialista y también se la escucha asiduamente a dirigentes opositores.

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