Opinión

Javier Milei asumió la presidencia de la Nación el 10/12/2023 y el 20/12, a los 10 días de estar ejerciendo el cargo, en el salón blanco de la Casa Rosada, rodeado por su gabinete y por Federico Sturzenegger, leyó.

“Tu nivel más alto de ignorancia lo alcanzas cuando rechazas algo sobre lo cual no sabes nada”. 
- Wayne Dyer

El Presidente arremete con un ambicioso decreto de desregulación de la economía para insuflar aire a una actividad privada asfixiada por infinidad de obstáculos. Queda por delante un escarpado camino.

Algunos de los economistas que durante la campaña electoral firmaron una solicitada en contra del programa expuesto por el entonces candidato Javier Milei, ahora -sin decir Agua, va- ponderan los esfuerzos del flamante presidente de la Nación para ordenar las cuentas, devolvernos la seguridad jurídica, privatizar las empresas públicas improductivas y ponerle fin al capitalismo prebendario. Distintos técnicos de los equipos que en aquellos tiempos orbitaron en derredor de Horacio Rodríguez Larreta y de Patricia Bullrich, de buenas a primeras se han acercado al espacio libertario con el propósito de ‘colaborar’.

El resultado del experimento fue muy destructivo para la sociedad: pobreza, ruina, analfabetismo y delincuencia; fluyeron, sí, los “negocios”: subsidios para amigos, empresarios prebendarios, privilegios y miles de “ñoquis”

El antecedente de las reformas aplicadas por Menem y anuladas por Kirchner prueba por qué la imposición de normas dura poco. Corresponde un tratamiento legislativo

“Para el derecho no hay derecho más importante que la expresión crítica. Necesitamos seguir escuchando a quienes se quejan”, señaló horas atrás Roberto Gargarella, prestigioso jurista constitucionalista y docente.

Una semana atrás, en este espacio destacábamos: “Por el momento Milei es inmune a las críticas”. Una semana después ya no se puede afirmar categóricamente lo mismo. El último domingo, Javier Milei se levantó temprano –como suele hacerlo- y acudió presuroso al estadio de Boca Juniors para votar por la lista que Mauricio Macri integraba como candidato a vicepresidente. Llegó cubierto con una capucha que lo protegía de la lluvia y la curiosidad, pese a lo cual fue identificado por gran cantidad de hinchas boquenses que lo abuchearon y repudiaron a los gritos. Seguramente se trataba de seguidores de Juan Ramón Riquelme (que terminaría imponiéndose rotundamente a la lista de Macri en un comicio muy controversial).

Para muchos demagogos la fe proviene de su encarnación en una supuesta fuerza “superior”, que valida la imposición de reglas políticas selectivas para toda la sociedad y su misticismo “a ultranza” somete a la misma, que termina sufriendo un vasallaje ignominioso que destruye cualquier proyecto de vida comunitaria razonable.

Normalmente se utiliza el atajo metafórico de “batalla cultural” para resumir en una frase corta y directa una lucha entre dos formas de ver, entender y vivir la vida. Esas formas son, en general, tan diferentes y contradictorias que no pueden conciliarse, no pueden convivir: o es una o es la otra. Una visión centra su atención en el individuo. La otra en el Estado. Una, como dijo Tocqueville al cierre del tomo 1 de su Democracia en América, busca sus metas apoyándose en la reja del labrador; la otra en la espada del soldado.

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