Opinión
Los presidentes hacen siempre todo lo que legalmente pueden hacer; aunque no siempre esto sea prudente. No tiene mucho sentido formular contra ellos imputaciones si actúan dentro de los límites de la Constitución, o reprochar a la Constitución por algo que ella no ha establecido. En todo caso, la Constitución dejó abierta una puerta.
Cuando Juan Bautista Alberdi escribió "Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina", una de sus preocupaciones centrales fue que no repitamos la experiencia de Juan Manuel de Rosas, es decir la de un régimen despótico apoyado por las clases populares y habilitado para ejercer la suma del poder público. Fue por eso que dispuso que el presidente no sea elegido por el voto directo sino por los Colegios Electorales; y que incluso los senadores se rigieran por los mismos principios.
Cuando el presidente, por la cadena nacional de radio y televisión, hizo el anuncio del decreto de necesidad y urgencia Nº70/2023, la pregunta que se formularon todos los interesados en el tema -políticos y abogados constitucionalistas, periodistas y consultores, por igual- fue la siguiente: ¿impericia o cálculo táctico? Si se analiza el paso dado por Javier Milei con arreglo a un criterio lineal, es fácil pensar que se tiró a la pileta sin saber a ciencia cierta si en ella había o no agua.
Lo que está ocurriendo en la Argentina motiva mucho interés en los centros financieros del resto del mundo. En Nueva York, Londres, Frankfurt, Tokio y Pekín, personajes que manejan montos colosales de dinero están preguntándose si, por fin, el país está por aceptar la derrota de su prolongada rebelión contra la lógica capitalista para comenzar a sacar provecho de sus muchas ventajas materiales y culturales. A pesar de todo lo sucedido a partir de los años treinta del siglo pasado, la idea de que la Argentina sea un “país rico” y que la pobreza multitudinaria sea una aberración, no ha desaparecido por completo ni aquí ni en otras latitudes.
El mundo político empieza a tener la sensación de que pasó de tratar con Carlos Salvador Milei por su pragmatismo a estar frente a un Oscar Alende de derecha: el Partido Intransigente.
Javier Milei presidente es el producto de diversas circunstancias, pero no hay que desconocer la clara gravitación del peronismo en su carrera hacia el poder. El gobierno peronista hizo lo posible y lo imposible para que así fuera.
Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) fueron establecidas por el kirchnerismo en 2009, luego de la derrota legislativa que sufrió ese año. Pese a toda la retórica que las rodeó, no tuvieron, como nada en esa fuerza política, otro objetivo verdadero que procurarse una ventaja circunstancial. La “democratización” era tan falaz como en el caso de las reformas judiciales. Tanto es así que fueron escasas las oportunidades en que el Frente de Todos o sus sucedáneos usaron ese método para dirimir sus propias candidaturas, que por lo general responden al dedo inapelable de la conductora, Cristina Elisabet Fernández. Y no vacilaron, además, cuando pensaban que les resultaría perjudicial, en proponer la modificación de la ley de las PASO.
Muchos individuos que “acomodan” sus intereses personales, sin importarles a quiénes perjudican con ello, se muestran como fundamentalistas indignados cuando alguien quiere cuestionar sus presuntos derechos, rasgándose las vestiduras “ipso facto”.
El corte al gasto y al aparato del Estado no es neutro en términos de lo que el Presidente llama “sector privado”.
Las transformaciones socioculturales se hacen sentir en las elecciones; el movimiento que solía asociarse a la clase trabajadora en un país cuyo origen inmigratorio pone en duda la existencia de “clases”, está en crisis
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El Presidente, entre su primer paquete de anuncios y el temporal que azotó el sur bonaerense. El ajuste, su prueba de fuego.

Durante el gobierno de Alberto Fernández, Argentina firmó la última declaración de Nueva Delhi del G20, que defiende la competencia económica e insta a desincentivar el proteccionismo. Esperamos coherencia de los diputados con estas premisas.

Resulta imprescindible ser conscientes que ante todo la Argentina enfrenta un debate esencialmente cultural.
El gen libertario que Milei debe combatir - Por Jorge Fernández Díaz
Escrito por Jorge Fernández Díaz
Solo en un país degradado y en emergencia total permanente, sin demasiada conciencia histórica ni cultura política, y condenado a vivir un eterno presente de dimes y diretes pudo haber pasado sin pena ni gloria una noticia significativa: ha puesto punto final esta semana a su extensa tarea de articulista acaso uno de los intelectuales latinoamericanos más combatidos e influyentes, y sin duda quien más ha cuestionado durante los últimos treinta años las diferentes formas del populismo.

