Opinión

Repasando a algunos autores clásicos del pensamiento occidental -entre otros Ortega y Gasset, confeso liberal-, encontramos una frase del ilustre madrileño que le cabe como anillo al dedo a Javier Milei, la nueva “vedette” del escenario político nacional.

Uno de los tantos ministros impresentables de éste, el peor gobierno de la historia del país, Gabriel Katopodis, acaba de decir una gran verdad: “Hace un año la oposición ganaba caminando y hoy están partidos en mil pedazos”.

Que después de sesenta años el Movimiento Popular Neuquino (MPN) haya sido desalojado del poder constituye algo histórico. Otra cosa es desentrañar su verdadero alcance político. ¿Se trata, para decirlo en términos aristotélicos, de un cambio sustancial o de un cambio accidental?

El peronismo, en sus distintas vertientes, ha logrado imponer, aún en quienes habitualmente no lo votan, la idea de que es el único que puede gobernar. A la luz de la desastrosa situación actual de la Argentina, se trata de un argumento más bien curioso. Por lo menos en su variante kirchnerista, se ha demostrado que efectivamente solo pueden gobernar mal. Pero lo que subyace a esa idea es que, bien o mal, el peronismo asegura la gobernabilidad porque dispone de un conjunto de factores de poder al margen de la institucionalidad democrática.

Cuando algunos funcionarios y dirigentes kirchneristas todavía se entretenían con los entredichos entre Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, apareció un inesperado aguafiestas. Aníbal Fernández se convirtió, súbitamente, en el triturador de sus ilusiones y les arruinó su incipiente festejo.

Se acercan las elecciones. Las PASO se realizarán el 13/8. El Jefe de Gobierno de CABA, Horacio Rodríguez Larreta, decidió de acuerdo a la ley, usar boleta única electrónica.

"Si la reforma es visualizada como transitoria, los afectados la resistirán; mientras    
que, si consideran que llegó para quedarse, se ajustarán a las reglas de juego".
 
-Juan Carlos de Pablo

Toda decisión política tiene costo. La duda es cuánto gana o pierde Larreta por alejarse de Macri. ¿Hamlet o Julio César?

El país de estas cuatro décadas de democracia muestra un estado que ha consolidado el poder de las corporaciones y las ha llevado incluso a donde no estaban: la gestión de la pobreza.

La relación que tejieron Horacio Rodríguez Larreta y Mauricio Macri por espacio de casi dos décadas llegó a su fin el lunes pasado, cuando se hizo pública la decisión del lord mayor porteño de desdoblar las PASO en el distrito que él administra. Si bien el ex–presidente se ha situado -desde hace ya un buen rato- mucho más cerca de las posturas levantadas por Patricia Bullrich que de las de su principal contrincante, ello no implicaba que -luego de bajarse de la carrera presidencial- fuera a apoyar a aquella en forma abierta, a expensas de este. Lo más probable era que asumiese el rol de ‘honesto componedor’ y tratará de mediar entre ellos, de la mejor manera posible.

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