Opinión

 

El gobierno de Alberto Fernández comprobó en carne propia su debilidad parlamentaria. Su principal enemigo, sin embargo, no es la oposición, sino su incapacidad para el diálogo y la terquedad, la altanería y la soberbia de algunos integrantes de la coalición oficialista, con Máximo Kirchner a la cabeza, características de regímenes seudodemocráticos con rasgos autoritarios.

 

 

La Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional la composición actual del Consejo de la Magistratura, reforma legal impulsada por la entonces senadora Cristina Fernández (2006). La Corte ordenó al Congreso dictar una nueva ley y hasta entonces volver a los 20 miembros a los que se refiere la Constitución Nacional con la presidencia del presidente de la Corte.

 

 

“También los derrotados, tarde o temprano, encuentran una voz”.
- Fabiano Massini

 

 

El presidente de la Alianza protagonizó el caso extremo de un mal a veces repetido en la política: el ascenso espectacular sostenido en una creciente popularidad y la caída abrupta tras su llegada al poder

 

 

La reforma constitucional de 1994 introdujo un nuevo órgano, el Consejo de la Magistratura, con diversas funciones; entre ellas, las de seleccionar los candidatos a jueces mediante concursos que valoraran su idoneidad, y la de intervenir como acusadora en los procedimientos de remoción de estos. Ambas competencias le correspondían antes exclusivamente al poder político.

 

 

Pepe Mujica, al que los años -que no dan tregua-, se le han venido encima, no aguantó la perorata de los dos Fernández. En medio de la fiesta se quedó profundamente dormido. Lula da Silva, algo más joven, soportó con mayor estoicismo los discursos, pero su mirada lucía perdida. Lo suyo era cuerpo presente y mente ausente.

 

 

Importa prestar atención a las contradicciones objetivas reales que desgarran a la sociedad

 

 

El kirchnerismo siempre se ha servido de la pobreza, la ha utilizado para su propio beneficio y la ha puesto como excusa para cualquier acto de gobierno que haya implicado un enorme e injustificable derroche de recursos públicos

 

 

Tienen una idea fija. O, mejor dicho, dos: la de eximir de responsabilidad criminal a Cristina Fernández y la de hacer todo el estropicio institucional necesario para lograr ese fin.

 

 

Los resultados electorales de este año operaron algunas consecuencias curiosas. La primera de ellas son los conflictos internos dentro del bando ganador, ya que se supone que el perdedor es el que debe estar en ebullición, mientras que el triunfante debe cerrar filas en pos del gran objetivo, mirando desde el ring side cómo el adversario se desangra con sus ajustes de cuentas. Pues aquí está sucediendo algo inverso.

 

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