Opinión

 

Dos hechos aparentemente desconectados permiten descifrar en qué tipo de país viven los argentinos.

 

 

El ciclo kirchnerista huele transitoriamente a calas.
“Cuando con todos te va mal, el que anda mal sos vos”. - Rocamora

 

 

En el caso de la Argentina, su política es sorprendentemente estable pese a que su economía es una desgracia.

 

 

Al meterse en la política interna de otros países, los embajadores del gobierno están haciendo lo mismo que hizo en argentina el villano original del peronismo.

 

 

No hace falta ser un experto en cuestiones ontológicas, para percibir cuál es el verdadero sustrato de las elipsis discursivas del Presidente y su Ministro de Economía, que oscilan entre el cinismo y la mediocridad.

 

 

Contra los intentos populistas de no reconocer la derrota, es claro que la coalición peronista-kirchnerista ha perdido con contundencia en todo el país.

 

 

Hasta ahora, las decisiones favorecen a la vicepresidenta, sus hijos y los demás acusados vinculados a ella. Pero podría generarse un efecto bumerang y la cancha podría terminar inclinándose en contra del propio gobierno.

 

 

Se dice que la diplomacia concebida como política exterior de una nación se fundó en el siglo XVII, en los tiempos de la llamada Paz de Westfalia, cuando después de décadas de guerras religiosas se arribó al acuerdo de que las naciones debían respetarse más allá de su fe religiosa o, como diríamos ahora, su fe ideológica.

 

 

Impunidad, degradación institucional, relato y mentira en lugar de la realidad: la Argentina que tanto nos duele.

 

 

“Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento. El momento en que el hombre sabe para siempre quién es”, recitó ante la prensa. Desde esa tarde última Carlos Pagni no deja de punzarlo con su ironía: “¡Un peronista que lee a Borges!”. Miguel Ángel Pichetto eligió esa frase borgeana para explicar por qué aceptaba acompañar a Mauricio Macri en la campaña de 2019.

 

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