Opinión

 

La grieta se hace metafísica cuando creemos que el que piensa distinto, en vez de sostener ideas tan respetables como las nuestras, expresa la mentira o la locura.

 

 

Hace unos años, durante un lujoso homenaje a Octavio Paz en Casa de América de Madrid, se desplegó un amable pero significativo debate ideológico entre el liberalismo puro y duro, y el llamado “liberalismo de izquierda”, que encarnó aquella tarde el mismísimo Felipe González.

 



“No podemos echarle la culpa a ningún imperio ni a una invasión marciana;
 
la derrota más amarga la construimos nosotros, ladrillo a ladrillo”.
   
- Jorge Fernández Díaz

 

 

Convengamos que los dioses nos han permitido atravesar por los rigores de una semana en la que el peronismo pareciera que se propuso hacer todos los esfuerzos imaginables para exhibir uno de los perfiles de un rostro que, si bien se distingue por sus múltiples expresiones, esta vez nos brindó la oportunidad de conocer o reconocer una de sus facetas más genuina.

 

 

El país que luego del frustrado intervalo macrista volvió a ser gobernado por el kirchnerismo también parece atrapado en su propio desatino; y corre el riesgo de quedar preso del interés de hacer de la pobreza un capital político antes que un doloroso problema a resolver

 

 

El relato kirchnerista sobre la deuda generada por el gobierno macrista llegó a las aulas de La Matanza; ¿por qué el kirchnerismo no puede arrojar la primera piedra?

 

 

Mientras el mundo ha comprendido como resolver los problemas de pobreza, inflación y crecimiento, acá siguen intentando que seamos creyentes de cuestiones tan rústicas como la bicicleta financiera y el “vivir con lo nuestro”

 

 

Mientras las consultoras de opinión pública apelan a todos sus instrumentos analíticos para adivinar los resultados de las elecciones primarias del 12 de septiembre y las generales del 14 de noviembre, la ciudadanía no se muestra mayormente conmovida por las campañas políticas.

 

 

Al no tener depredadores naturales que los ataquen, se han ido reproduciendo y amenazando la comodidad de seres más grandes que ellos. No nos referimos a los carpinchos de Nordelta, sino a las fuerzas que puedan roerle votos a las dos coaliciones grandes.

 

 

Más allá del discurso de campaña y de los vaticinios respecto de un triunfo seguro en las próximas elecciones, que sus principales voceros proclaman a los cuatro vientos, el kirchnerismo arrastra preocupaciones que no puede -por razones obvias- hacer públicas.

 

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