Opinión

 

Los ángulos desde los cuales es pertinente analizar y juzgar el escándalo estallado a instancias de la decisión presidencial conocida hace pocos días de festejar -hace un año, en plena cuarentena- el cumpleaños de Fabiola Yáñez son varios, como lo demuestran los cientos de artículos y comentarios conocidos desde el momento en que se hicieron públicos los hechos.

 

 

El principal spot de campaña del Frente de Todes da vergüenza. En consonancia con todo lo que hacen, uno no puede sentir otra cosa que repugnancia al verlo. La pregunta que surge de inmediato es ¿cómo puede ser que se atrevan? Pero se atreven. Y a ese atrevimiento, que muchas veces no se controvierte, se debe su avance.

 

 

El filósofo español Ortega y Gasset, definía en su tiempo al que llamaba “señorito satisfecho” como “el hombre vulgar, antes dirigido, que ha resuelto gobernar el mundo. Este contentamiento consigo”, señalaba, “le lleva a cerrarse para toda instancia exterior, a no escuchar, a no poner en tela de juicio sus opiniones y a no contar con los demás.”

 

 

Hay un consenso: es grave que el presidente de la República viole la ley, y acerbamente irónico que transgreda la ley que a su arbitrio ha fijado. Pero el hecho revela otras aristas.

 

 

Al inicio de los años 90 el jurista argentino Carlos Nino escribió Un país al margen de la ley, un ensayo dirigido a poner en evidencia ciertos comportamientos anómicos muy arraigados en nuestra sociedad. Por anomia entendía la falta generalizada de apego al cumplimiento de las normas. Nino añadía que nuestra anomia era “boba” porque se trataba de acciones frustrantes para los mismos agentes que las ponían en ejecución.

 

 

La situación en Afganistán reitera lo sucedido en el pasado: el fracaso de construir un Estado moderno, tanto por faltas y errores de los propios afganos como de las fuerzas extranjeras

 

 

Como dijera Yabrán -que algo sabía de estos temas-, el poder es impunidad, es hacer lo que a uno se le da la gana sin rendir cuentas. El poder se usa y se abusa. Los "vacunatorios VIP" y las jaranas en la residencia de Olivos así lo confirman.

 

 

Los camporistas de Cristina y los piqueteros de Grabois libran una interna oficialista con importantes diferencias, pero donde los unifica un vetusto y retrógrado anticapitalismo.

 

 

“El error en política es perdonable, lo que no es perdonable es la estupidez”.
- Felipe González

 

 

Lleno de cadáveres reales y virtuales, sin principios ni valores, el país despide un hedor trágico y terminal

 

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